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Empires por Doyle

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Imperialism is not a word for scholars.

Lord Hailey, 1940

DOYLE, M.W., 1986, Empires, Cornell University Press, Ithaca and London

Si hay una palabra que en la actualidad tiene “mala fama” es imperio y sus derivados. De todos ellos, el que se lleva su peor parte es “imperialismo”. A pesar de tener esta fama, son dos palabras que están en boca de todo el mundo. Cada año hay nuevos libros que exploran esos aspectos en las relaciones internacionales. Incluso, dentro de los Estados Unidos, existe un fuerte debate sobre qué papel deben asumir respecto a la idea del Imperio Estadounidense.

A pesar de todo esto, apenas ha habido estudios sobre los imperios. Cuando se editó este libro Doyle se lamentaba que apenas se había explorado estos temas en la actualidad y que las aproximaciones que se habían llevado a él habían sido muy parciales. De hecho, identificaba tres aproximaciones, a sus ojos insuficientes, a los conceptos de imperio e imperialismos.

Partiendo de esta idea, Doyle plantea un libro estructurado en 3 grandes bloques temáticos: uno centrado en la problemática de la terminología en donde define Imperio y la problemática del concepto Imperialismo. Este bloque se corresponde con el Capitulo Imperialism and Empire. Un Segundo apartado se centra en el análisis de Imperios pasados como son Atenas y Esparta, Roma, España, etc. La tercera parte se corresponde al análisis del imperialismo europeo en África.

Esta estructura nos deja una obra muy descompensada. El primer bloque temático nos presenta un preciso examen sobre los términos básicos del tema y su problemática. La contraposición entre las diferentes visiones y sus enfoques hacen de este el capítulo más interesante del libro. El segundo apartado es muy flojo. Exceptuando el capitulo centrado en Atenas y Esparta, los demás presentan serios problemas en cuanto a las interpretaciones que lleva a cabo debido a la dudosa base histórica de muchas ideas o conceptos que plasma. El caso de España es muy claro pero también para el caso romano. En el tercer apartado, el de mayor extensión del libro, es el otro punto fuerte del libro, centrándose en analizar los tres tipos de imperialismos para el período y la problemática específica de cada zona.

La recepción que tuvo el libro de Doyle fue dispar. Aunque algunos autores comentaron sus aciertos otros fueron muy críticos Rogowski en The American Political Science Review. Personalmente considero que el primer apartado es el más completo y que mayor uso puede tener tanto para la gente interesada en relaciones internacionales como para historiadores. El principal problema que veo en la obra es su análisis histórico. Dado que no me quiero extender, pondremos el ejemplo del análisis que hace de Roma y del Imperio Español como ejemplos de la problemática que presenta el libro.

En el caso de Roma hay que tener muy presente la influencia de la visión sobre la expansión romana de Badian. Especialmente notorio cuando nos habla de la diferencia de la política romana para el caso de Oriente y el de Occidente. Más allá de eso, la explicación de la expansión romana es simple y tiene diversos problemas en aspectos como hablar de los sirios para referirse al imperio Seleucida. Tampoco es capaz de analizar las diferentes fases que existen en ese período. Si es capaz de definir dos políticas globales diferenciadas, debería de haber un análisis del porqué del paso de una política hegemónica a una política de conquista directa o el porqué de la resistencia romana a intervenir en una zona y someterla. Aspectos que, a nuestro modo de ver, son básicos para interpretar correctamente un imperio al que le da una política bipolar. Este diferencia es especialmente importante por la relevancia que tiene un correcto análisis de estos cambios políticos y el modo en cómo pueden ser interpretados. El artículo de Gallagher y Robinson sobre el Imperialismo inglés es una excelente muestra, citada con profusión pro Doyle, sobre la importancia de analizar correctamente las diferentes etapas de la expansión de un poder.

Para el caso de España falla en muchos aspectos de base. En primer lugar, la iniciativa privada que ve en las acciones de la conquista de América depende de la sanción de la Corona. Tampoco es aplicable un concepto como “gentry” dentro de la política de la Corona de Castilla del momento. De hecho, la concepción de España como reino unido es cuanto menos discutible. En el siglo XVII el Conde Duque Olivares hablaría a Felipe IV de la necesidad de “unir las Españas” ante la problemática que suponía gobernar los diferentes concejos. Es decir, nos encontramos ante un caso en donde la metrópolis no está bien integrada ni cuenta con una adecuada cohesión. Un hecho que tiene gran peso en el análisis dentro del libro.

Otro aspecto es el tema económico. El caso del Imperio Español es especialmente dramático porque no se hace ninguna mención a las suspensiones de pagos, crisis económicas ni demás problemas internos que sufrió casi desde sus inicios. Esto es algo especialmente importante si se tiene presente que Doyle considera que eran los demás reinos los que tenían una cierta dependencia de las importaciones procedentes de las colonias. Finalmente, no incide en el enorme peso que tuvieron los banqueros dentro de la economía española y que fueron los que financiaron y arruinaron la economía de Castilla.

El otro gran problema es el modo de aproximación que ha escogido para tratar los diferentes tipos de imperialismos. Mientras que para la expansión europea en África lo abarca analizando los tres tipos de imperialismos (de metrópolis, periférico y sistémico) y los diferentes actores. Esto permite un análisis mucho más profundo y completo que el que lleva a cabo en los demás imperios. Esto explica, por un lado, la enorme extensión de éste capítulo y, por el otro, la pobreza del análisis de los imperios anterior.

Como se puede ver, es un libro con fuertes altibajos y considerables problemas en una parte importante de los datos que nos presenta. Esta irregularidad es la que lo condena a ser un libro aprovechable, especialmente por la primera y tercera parte, más que como un análisis para los imperios de antes del siglo XIX.

Written by pauvm

06/10/2011 at 20:25

Kenneth Waltz, 2008, Realism and International Politics, Routledge, New York and London.

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Kenneth Waltz, 2008, Realism and International Politics, Routledge, New York and London.


El libro ante el que nos encontramos se podría considerar como una visión transversal de la obra del autor pues es una recopilación de algunos de sus de artículos y opiniones. Éstos están divididos en cuatro grandes bloques temáticos: el primero sobre teoría, el segundo sobre análisis de diversos aspectos de la teoría realista, el tercero centrado más en el papel de la bomba atómica en las relaciones internacional y, el cuarto y último, en aspectos de política internacional.

Quizá, justo después de dar una visión general sobre la estructura de la obra, el siguiente elemento ineludible de comentar sea que este es un libro para la gente que ya conoce la obra de Waltz y parte de la teoría realista y sus variantes. Sin ese conocimiento de base, es muy confuso seguir el hilo del libro o entender muchos aspectos de crítica o de definición.

Si, por el contrario, se cuenta con una base sobre las teorías realistas creo que este libro es muy interesante. Ofrece una visión que abarca temas dispares y, lo más importante, escritos en momentos dispares y con contextos muy específicos. Eso hace que, es cierto, se repitan ciertos conceptos (especialmente cuando se tratan aspectos de índole nuclear) pero que ofrezca una visión más enriquecedora.

De los temas que trata en el libro a mi modo de ver hay dos temas especialmente interesantes: la estabilidad de un mundo bipolar respecto a uno multipolar y el papel que tienen las bombas nucleares como elemento de contención en la política internacional. De hecho, los dos van muy unidos en el hilo de argumentación pero tienen importantes diferencias. También, ambos aspectos, como se puede ver en el libro, han sido discutidos en numerosas ocasiones.

A los ojos de Waltz, un sistema de relaciones bipolar es más estable, en esencia, debido a que hay menos competidores. A más competidores, los movimientos que éstos pueden realizar son mucho menores y los riesgos mucho más altos. Conforme decrecen los rivales, más estabilidad y más capacidad de maniobrar se tiene por parte de cada estado. Esta reducción también lleva a una reformulación de conceptos como periferia. Todos estos aspectos llevan a que las relaciones entre los dos actores principales estén muy condicionadas y sean, en cierta forma, mejor entendidas y conocidas. Algo qué, dentro de un marco con más rivales en igualdad de condiciones, se perdía.

Para el caso de los Estados Unidos y la URSS durante la etapa de la Guerra Fría Waltz enlaza a la estabilidad del sistema bipolar el papel que juegan las bombas nucleares en las relaciones internacionales. Para él, parte de la estabilidad que ha existido en este período entre las grandes potencias solo se puede explicar por la importancia que tiene como factor de contención y “miedo” a una guerra a gran escala. De este modo, la idea que el aumento de la intensidad de las hostilidades podría llevar, de forma inevitable, a una destrucción mayor es lo que provoca una contención y análisis cuidadoso de las acciones. Antes, las políticas de contención siempre estaban sujetas a la interpretación que hacían los demás actores. Así, esa percepción podía ser errónea y, por lo tanto, hacer que se llevase a cabo una guerra en base a esas ideas. Esta dicotomía entre percepción y realidad tiene especial importancia pues en el caso de la bomba nuclear una sola cabeza ya significa un elemento de contención superior a cualquier otro medio. Ante este miedo, la intensidad de la guerra y el grado de involucración por parte de los principales actores son medidos con mucho cuidado.

Así, para Waltz, el mundo de la Guerra Fría es mucho más estable que lo previos debido a su estructura bipolar y a la existencia de la amenaza nuclear como un elemento de contención real y percibida por todos los demás actores del marco internacional como tal. Finalmente, casi como un apéndice a estos dos ejes, habría que colocar su crítica a la idea, fuertemente extendida, que las democracias no libran guerras entre ellas. Waltz crítica, por un lado, que no se tengan en cuenta los factores estructurales que condicionan el período de este análisis (posición de las democracias a nivel de poder, el modo en cómo lo ejercen, etc.).

Como conclusión podríamos decir que la visión que tiene Waltz de las relaciones internacionales es pesimista. Mucho. Aunque, a mi modo de ver, no deja por ello de ser menos cercana a la realidad. Tomando como punto de partida muchas de las bases que recalca a lo largo de su obra es como mejor se puede comprender muchos de los aspectos de la política internacional.

Written by pauvm

27/09/2011 at 15:01