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Creando la frontera en Roma

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Casi siempre, cuando se intenta evocar una imagen sobre la frontera romana, se suele recurrir al Muro de Adriano. Una enorme muralla, con múltiples fuertes y torres que vigilaban a las tribus de la zona. Es, en cierta forma, una imagen mítica. Otra imagen cliché se podría encontrar en el típico mapa sobre los avances romanos alrededor de los grandes ríos de la zona de Germania y la ubicación de los diferentes campamentos. En esencia, éstas son las dos imágenes más comunes y, algo que la mayoría de la gente olvida, más tardías sobre la frontera romana. Por esas fechas, ya hacía más de 300 años que Roma había tenido que gestionar y crear fronteras. Sin embargo, apenas hay estudios sobre lo que supuso la creación de la frontera en época republicana. Esto es debido a dos razones.

La primera de ellas es debido a la falta de evidencias materiales sobre la época republicana. De hecho, sirviendo como ejemplo, existen muchas sobre cómo iban armados los soldados romanos. Tampoco se conocen con detalle los campamentos de los ejércitos republicanos. De hecho, la mayoría de grandes batallas están por excavar aún hoy. Es decir, nos encontramos con un período en el que a nivel arqueológico apenas contamos con datos. En contraposición, podemos encontrar los grandes yacimientos del limes germano o del limes británico. Campamentos como Vindolanda han aporta ingentes cantidades de información que nos han permitido conocer detalles sobre la alimentación o la vida cotidiana de las tropas. No es el único ejemplo, los campamentos de diversas zonas del imperio han arrojado resultados similares.

Esta disparidad de evidencias se puede explicar debido a que en época imperial estamos hablando de campamentos estables y fijos. Algo que en época republicana es bastante más extraño. También conviene destacar que, al no conocer con detalle la panoplia de los legionarios romanos, cuesta diferenciar su presencia con las poblaciones nativas de zonas como Hispania. Por eso cuesta diferenciar, en las primeras épocas, lo que podría ser un ejército consular de una tropa indígena.

De este modo, las evidencias arqueológicas han permitido una mayor y mejor comprensión del fenómeno de la frontera en época imperial mientras que, para el caso republicano, no existe, ni mucho menos, una bibliografía ni evidencias comparables.

Esta disparidad en las evidencias se ha complementado con una tendencia a simplificar y reducir el período republicano en una especie de “máquina de guerra” insaciable y sin ningún propósito más allá que conseguir riquezas y honores para los generales. Conviene destacar que una concepción muy parecida es sostenida por numerosos expertos para época imperial. Sin embargo, también existe una fuerte corriente que cree en la existencia de una política y racionalización de la frontera. Para época republicana, no existe una visión de este tipo. La imagen predominante de la política republicana es la de una sociedad que busca la guerra de forma constante.

De este modo, si la mayoría de los autores no consideran que sea posible que exista una frontera, tampoco buscarán en el comportamiento de los generales una mentalidad “de frontera”. Aspecto especialmente importante si tenemos presentes los problemas a nivel arqueológico que hemos indicado anteriormente. Por esta razón, hoy queremos centrar esta entrada en dos libros que aportan una visión diferente sobre la política romano-republicana y cómo ésta forjó sus fronteras.

El primero de los libros es The Creation of the Roman Frontier  por Stephen L. Dyson. El segundo es Senate and General. Individual decision-making and Roman foreign relations 264-194 B.C. de Arthur M. Eckstein. El porqué hablamos del primer libro es bastante explicativo en su título. El segundo puede generar más dudas pero su foco de estudio se centra en la capacidad de decisión y los motivos que impulsan a los generales y cómo afecta eso a la política republicana. Dyson plantea una lectura más genérica y global sobre la creación de la frontera. Eckstein, analiza el porqué y el cómo de las decisiones diplomáticas de los generales y el impacto que éstas tuvieron. Ambos libros, aunque sea desde diferentes perspectivas, están profundamente vinculados entre sí y nos ofrecen una excelente panorámica sobre la creación de la frontera romana y los mecanismos con los que se llevó a cabo. Por esta razón, destacaremos algunos de los puntos más importantes o que conviene tener presentes de ambos libros.

Quizá el primer punto a considerar sean los límites cronológicos y geográficos que existen en ambos trabajos. Por un lado, Dyson se centra solo en la frontera occidental. La razón es que en el caso oriental nos encontramos con fronteras y elementos que condicionan las decisiones de Roma. Por el contrario, en el caso occidental, Dyson la ve como la auténtica expresión de una frontera “romana” ya que en ella hay una “libertad” para su desarrollo. Por el contrario, el libro de Eckstein abarca en un plano global pero, a nivel cronológico, es mucho más corto. Esto hace que tengamos dos visiones que, en gran medida, se complementan entre sí. Una aportando una visión global mientras que la otra aporta un espectro cronológico más amplio en el estudio de unas zonas determinadas.

Otro de los puntos importantes a resaltar es la coincidencia de ambos autores en el papel que tuvo el Senado en la zona de la Galia Cisalpina. Esto era debido al miedo y la cercanía de los galos respecto a Roma. Para ambos autores, el saqueo de Roma por Breno y las continuas luchas entre ambos rivales agudizaron un fuerte miedo en la sociedad como se puede atestiguar en números rituales y prácticas. Este hecho explicaría el control del Senado: un error podría significar que la presión gala afectase a Roma con mucha rapidez. Por esta razón, ambos autores también destacan que la política romana en la zona fue defensiva. En donde discrepan es en el momento que se da el cambio en ésta. Dyson sitúa el cambio de la actitud romana a partir de la toma de Mediolanum y la instalación de las colonias de Cremona y Plasencia en el 218 aC. Por el contrario, Eckstein ubica el cambio a partir del 197 aC. Personalmente consideramos que el análisis de Eckstein sobre las acciones romanas entre los años 218 al 197 aC muestra de forma clara la inexistencia de una política clara y, mucho menos, que pueda considerarse ésta como agresiva. De hecho, existen numerosos períodos de una relativa tranquilidad y poca actividad por parte de los ejércitos romanos. Lo que indudablemente choca con una visión sobre una política agresiva en la zona.

También es excepcional a los ojos de Dyson esta frontera debido al papel que juegan las colonias. El hecho que el Senado marque como límite de Italia hasta los Alpes hace que esta zona sea excepcional dentro de los planteamientos de Roma. Por un lado porque se lleva a cabo una política mucho mayor. Así encontramos controles sobre la inmigración de los galos y desplazamientos de poblaciones. Por otro lado, contamos con la instalación de colonias, un fenómeno mucho mayor que en otras provincias y que para Dyson es una muestra de la importancia que éstas tienen para la frontera gálica.

En segundo lugar, conviene destacar el papel que se adjudica a las figuras individuales dentro de la configuración de la frontera. Dyson recalca la importancia que los caudillos, líderes y reyes tienen dentro de la frontera romana. Éstos sirven, siendo aliados, como ojos y como “barreras” contra posibles peligros. También son una herramienta básica de control. No nos debe extrañar que en su libro considere que prohibiciones como la de comerciar con oro con los galos por parte del Senado se inscriben en una política clara de favorecer y evitar posibles causas de conflictividad social en las zonas de aliados o amigos de Roma. De hecho, Dyson considera que la expansión romana habría que ser considerada como un imperialismo periférico. Es decir, que las causas de la expansión habría que buscarla en las acciones de las tribus y elementos de frontera y el modo en cómo se entiende (sea bien o mal) desde la metrópolis.

La importancia que tienen las grandes figuras también es objeto de la preocupación de Eckstein. De hecho, tiene mucho más peso en la configuración de la frontera aunque en su caso hay que entenderla desde el protagonismo que concede a los generales romanos. La razón de este hecho se sustenta en dos ejes: la dificultad de contactar con el Senado en las provincias fuera de Italia y la necesidad de tomar decisiones inmediatas en determinadas situaciones. De este modo, la política y acuerdos de Roma con numerosas comunidades eran producto de las percepciones y conclusiones que extraía el general sobre el terreno. Excepto elementos puntuales (como el asentamiento de mercenarios en Morgantina) el Senado tenía cierto peso. Por lo demás, eran las decisiones del cónsul o pretor las que tenían un peso preferente. De hecho, la mayoría de los acuerdos son ratificados casi sin sufrir muchos cambios. Por esta razón, Eckstein cree que la figura de los generales es vital dentro de la formación de frontera romana. El mejor ejemplo se puede encontrar en Sicilia donde los acuerdos establecidos por los diferentes generales de la Primera Guerra Púnica condicionaron enormemente la actuación romana en la zona. Hasta el extremo que incluso en época de Cicerón muchos de esos acuerdos seguían vigentes.

Como punto final quizá convendría resaltar el peso que ambos trabajos dan a la transmisión de las relaciones y contactos entre los diferentes familiares de una gens. Dyson tiene una aproximación mucho más prosopográfica en su estudio, aunque reconoce los peligros que tiene este método. Eckstein la usa mucho menos aunque si que le da una especial relevancia dentro de la política romana en Hispania. De hecho, llega a afirmar que la presencia de Asdrúbal en la Península Ibérica durante la Segunda Guerra Púnica se debía más a su papel como “heredero” de las redes de contactos que a la efectividad de la política romana de bloqueo de los refuerzos a Aníbal. De hecho, afirma que era imposible que hubiesen conseguido bloquear el paso de efectivos. Algo que creemos que choca con su análisis sobre la batalla de Hibera a la que considera decisiva al evitar que Asdrúbal consiguiera llevar refuerzos a Aníbal.

En cualquier caso, ambas obras constituyen una buena aproximación a la problemática de la frontera en época republicana. Si bien es cierto que ambas no aportan una visión global de ésta también lo es su complementariedad. De este modo, vemos la toma de decisiones desde una doble perspectiva. Hay puntos, como el que hemos expuesto sobre la Galia Cisalpina, en donde hay una coincidencia notable (aunque con discrepancias en algunos puntos) y, a su vez, una cierta divergencia como puede ser en Hispania. En cualquier caso, dos lecturas recomendables para aquellos interesados en la Roma republicana.

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28/12/2011 at 14:33

Publicado en Historia, Roma

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Hispaniae. Spain and the Development of Roman Imperialism, 218-82 BC por Richardson

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RICHARDSON, J. S., 1986, Hispaniae. Spain and the Development of Roman Imperialism, 218-82 BC, Cambridge University Press, Cambridge.

La conquista de la Península Ibérica es uno de los procesos más largos en la historia de Roma. Desde su entrada en el año 218 aC a raíz de la Segunda Guerra Púnica hasta las Guerras Cántabras la presencia romana fue extendiéndose poco a poco por el territorio. Esta expansión, tan lenta si se compara con otras conquistas romanas, ha despertado infinidad de análisis y de interpretaciones.

A pesar de esta gran cantidad de estudios, ha habido una buena cantidad de aspectos que nunca han sido considerados a los que apenas se ha prestado atención. Un ejemplo, casi paradójico como ya he resaltado Dyson en su libro The Creation of the Roman Frontier, es el hecho que apenas se haya intentado prestar atención al estudio sobre la frontera. En una línea similar se puede situar la falta de estudios sobre la presencia del ejército romano en la Península Ibérica. De hecho, aunque los numerosos estudios sobre las guerras cántabras, la re-excavación de los campamentos de Numancia y los trabajos sobre la Segunda Guerra Púnica apenas se sigue sabiendo nada sobre el armamento y el equipamiento de los soldados romanos. Estos problemas se dejan notar, y mucho, en el trabajo de Richardson.

Nos encontramos ante un trabajo que analiza la presencia y la actuación romana en la zona por lo que es casi imprescindible que se tenga que adentrar en la problemática sobre el imperialismo romano. Richardson se desmarca de las interpretaciones más próximas a las tesis de Harris y rechaza que existiera una voluntad clara y expresa de explotar la Península Ibérica antes de la entrada de Roma en ella. De hecho, avisa de los problemas que suponen considerar una política agresiva, la que adjudica a los pretores o cónsules romanos, con una política imperialista. De hecho, llega a considerar que, para el caso de la Península Ibérica, podríamos hablar sobre un imperialismo periférico. Una definición interesante aunque choca cuando el análisis ha sido, mayormente y salvo contadas menciones, focalizado en las acciones de Roma. De hecho, el análisis sobre las acciones de las diferentes tribus o ciudades es escaso. Casos donde tiene gran importancia, como el papel que jugaron durante la Segunda Guerra Púnica, apenas tiene influencia. De hecho, los motivos de una expansión motivada por motivos personales de los comandantes en la zona encaja mucho mejor con una visión schumpeteriana que periférica.

Conviene resaltar que Richardson intenta periodizar la política romana en la zona. A grandes rasgos considera que existe una política agresiva desde la entrada en el 218 aC hasta las reformas que lleva a cabo Tiberio Graco. Esta es una figura clave en el libro pues a él atribuye la introducción de una serie de tributos y de regulaciones que fueron la base para las relaciones entre Roma y las diferentes tribus además de marcar un antes y después en la situación en Hispania. De hecho, la reducción de tropas y de conflictividad en la zona posterior es atribuida de forma directa a sus acciones. Es de destacar que las medidas de Graco son consideradas como Richardson como una medida personal, no una política por parte de Roma. Esto es interesante pues significa que no existe una voluntad expresa por parte del Senado de explotación y de control del territorio. Aunque las minas de Cartago Nova, como se resalta, proporcionaban riqueza no menos cierto era que habían muchas más zonas con posibilidades de ser explotadas. Por esta razón, esta obra se desmarca de las tesis que sostenían que los romanos habían buscado una explotación consciente y deliberada de la zona. De hecho, este análisis de los diferentes períodos de la expansión romana es el principal objetivo del libro y el que mejor explicado y argumentado está.

De este modo, el libro queda desestructurado. Por un lado, cuenta con un buen estudio sobre la periodización de la conquista romana de la Península Ibérica. Por el otro, apenas hay un intento de esbozar la relación, compleja y complicada, que se estableció entre romanos e indígenas. Esto, especialmente por el primer punto que hemos comentado, resulta especialmente problemático lo que, a nuestro modo de ver, resta muchos puntos al libro.

Written by pauvm

19/12/2011 at 19:29

¡Ay de los Vencidos!

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ROSENSTEIN, N. S., 1990, Imperatores Victi. Military Defeat and Aristocratic Competition in the Middle and Late Republic, University of California Press, Berkeley and Los Angeles.

En los últimos años se ha puesto mucho énfasis en la importancia que tenía la victoria militar dentro de la sociedad romana. Ésta era el objetivo último en una feroz lucha interna de la aristocracia por conseguir los beneficios que venían derivados de ella. Por un lado, estaba la ingente cantidad de botín que se podía obtener. Por el otro, el prestigio asociado a la victoria. Esto hacía que la victoria militar se convirtiera en el eje de la política exterior romana. Es decir, la aristocracia necesitaba guerras en donde conseguir honores para poder alcanzar las magistraturas de mayor prestigio. Esta idea, desarrollada y con ejemplos se puede encontrar en War and Imperialism in Republican Rome 327-70 BC (1979) de Harris.

Aunque siempre se han enfatizado las victorias, en la historia de Roma existen un buen número de derrotas. Lo que levantaba una duda al respecto: ¿qué sucedía con los vencidos? Esta es una pregunta con múltiples connotaciones. A fin de cuentas, una sociedad donde el éxito militar es la base de todo ser derrotado debía de comportar una serie de consecuencias a nivel de prestigio y de poder muy importantes. Paradójicamente, no existía un trabajo sobre este tema hasta la aparición del libro que hoy comentamos.

La base sobre la que empezaba su análisis Rosenstein era el tratar de ver qué sucedía con aquellos generales que habían sido derrotados. Lo importante era ver hasta qué punto repercutía sobre su trayectoria política su derrota. Este es un punto de suma importancia. Un sistema en donde el éxito militar lo es todo acaba, con el tiempo, generando una segregación entre aquellos que son buenos generales y malos. Los primeros tienden a acumular los honores políticos y los segundos no pueden acceder a ellos. A fin de cuentas, ¿quién querría servir en una guerra bajo las órdenes de alguien que tiene fama de mal general? Por supuesto, una dinámica así acabaría, con el tiempo, desembocando en una conflictividad interna. Por eso, no solo había que encontrar como repercutía la derrota sino que mecanismos había para evitar esta ruptura del equilibrio dentro de la aristocracia.

Con ese fin, Rosenstein examinaba las principales causas de derrota que solían encontrar en las fuentes: castigo divino, indisciplina y mal comportamiento de los generales. Sin embargo, antes realizaba un análisis sobre la influencia que tenía la derrota en la carrera política de los aristócratas romanos. Las conclusiones eran, cuanto menos, sorprendentes. Exceptuando casos puntuales y, como se puede ver más tarde excepcionales, en la mayoría de los casos no repercutía de forma directa. Generales que habían sufrido grandes derrotas conseguían alcanzar el consulado e incluso llegaban a ser Censores. Aún es más, si se podía suponer que conseguían eso después de un largo período de tiempo tampoco era así. Algunos incluso dos años después conseguían el acceso a las más altas magistraturas. Tampoco impedía eso que repitieran al frente de un ejército o que sus descendientes consiguieran alcanzar los mismos honores que ellos. No parecía existir una repercusión directa sobre su carrera por las derrotas militares. Ante este hecho, se hacía más importante aún analizar los mecanismos que mantenían el equilibrio.

Los prodigios y las explicaciones divinas se suelen suceder en las fuentes después que un ejército haya sido derrotado. Éstas se convierten en el modo de explicar el porqué de la derrota. Sin embargo, las evidencias ponen de manifiesto que la religión tiene un papel clave dentro de la ideología romana. La benevolencia de los dioses es un elemento central dentro de la ideología sobre el éxito militar de la República. Aún así, conviene resaltar que dentro de la relación entre dioses y mortales, desde la óptica romana, ya da pie a una propia interpretación que esa harmonía que proporciona la victoria se pueda romper. Es parte del sistema y, también, es parte de la habilidad del general de llevar a cabo las acciones con la mayor corrección. De hecho, aquí, junto con el siguiente punto, el concepto básico es el rigor y la disciplina con la que se lleva a cabo la tarea. Por eso, el factor divino se busca después de una derrota como la explicación nunca en el momento en que se puedan dar incorrecciones o deslices pues estos pueden, dependiendo de las acciones de los generales, superarse o ignorarse.

La disciplina de las tropas era otro elemento importante. El modo en cómo se comportaban las legiones podía explicar una derrota. No nos debe extrañar los fuertes castigos que existen para los soldados que no mostrasen una conducta acorde a lo que se suponía que tenían que llevar a cabo. Tampoco es extraño encontrar que las legiones que se salvaron en Cannas fueron obligadas a servir fuera de Italia hasta el fin de la guerra. Son detalles que ponían de relevancia la importancia que tenía que los soldados actuasen como se les exigía. Un ejército con mala disciplina o mal entrenado podía explicar una derrota.

Ahora bien, en los dos factores que hemos reseñado, hay un factor que los une y condiciona: el papel del general. En el primero, no era hasta la derrota que no se consideraba que algo hubiese ido mal. En el segundo todos eran factores que, en última instancia, dependencia de la capacidad del general de imponer la disciplina. Es por esta razón que el factor que Rosenstein encontraba clave para entender el porqué algunos generales eran juzgados o no estribaba en el comportamiento que éstos adoptaban. Es decir, la clave era si éste se había comportado como se suponía a un hombre de su rango durante la batalla. Si había sido el primero en huir, entonces la culpa de la derrota se le atribuía a él. Si, por el contrario, había llevado a cabo todas las medidas posibles y había actuado con la dignidad que le correspondía a su cargo entonces quedaba libre de culpa.

Este es un factor muy importante pues explicaba los sacrificios y las muertes de los generales en batalla y sus decisiones de arriesgarse en ellas. También ponía de manifiesto como una muerte heroica proporcionaba a la gens gloria y, por lo tanto, eximía de cualquier imputación de conducta no valerosa. El modo en cómo se comportaba un general marcaba que, incluso en la derrota, consiguiera reconocimiento y respeto por sus acciones.

En definitiva, la idea que se puede extraer de este libro es que hay que poner un freno a la importancia que se le ha concedido al triunfo como la “llave del paraíso” a nivel político. De hecho, habría que replantear toda la concepción que la aristocracia depende del éxito militar para su ascenso social. Esto no significa que se tenga que negar su importancia y papel clave como impulso pero hay que reducir la visión simplista que se ha tendido a adoptar. Hay que considerar muchos más aspectos dentro de la sociedad romana como claves para el éxito social y, por lo tanto, no reducirlo todo a una expansión y a la búsqueda de campañas militares en el exterior. De hecho, es cuanto menos ilustrativo las comparaciones que se tienen con otras ciudades respecto a lo que sucedía con sus generales derrotados: los púnicos, aunque aquí las fuentes pueden exagerar, crucificaban a sus generales; los atenienses, los enviaban al exilio o eran juzgados.

En cualquier caso, esta es una de las lecturas recomendadas para todos aquellos que quieran conocer el funcionamiento interno de la sociedad romana y cómo se estructuraba la competencia entre los diferentes aristócratas por las magistraturas.

Written by pauvm

06/12/2011 at 20:49

2011 Conference of Army Historians: Una reseña

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Entre los días 25 y 28 de Julio tuvo lugar la 2011 Conference of Army Historians siendo su tema central el análisis de los ejércitos en conflictos de larga duración. Eso no impedía que en el congreso se desarrollaran diversas sesiones alejadas del hilo conductor. En esencia, fue una visión global sobre la historia militar con un fuerte énfasis, algo lógico por quién y dónde se organizaba este congreso, en la historia militar y el ejército en Estados Unidos.

Uno de los principales problemas que creo que tiene la profesión del historiador militar es que su campo de estudio está muy fragmentado. Es un detalle, cuanto menos, sorprendente y que no deja de ser problemático. Por un lado, hay la historia militar en el sentido más práctico y utilitario. Por el otro, está la que se realiza desde las instituciones académicas estando más alejada de esta función y, finalmente, nos encontraríamos con la arqueología. Todos estos elementos en muchas ocasiones parecen ir los unos separados de los otros. Algo que complica mucho más la tarea del historiador (en sentido global). Un buen ejemplo de esto creo que se pudo constatar en este congreso donde la arqueología apenas tuvo un papel importante, a pesar de existir una gran variedad de ponencias que analizaban conflictos o batallas.

Por otro lado, la historia militar es un campo que ha tenido poca incidencia o poco prestigio dentro de la profesión de investigador. Hasta hace poco, y aún hoy, es considerada como una disciplina menor. En cualquier caso, es evidente que es una corriente que cada vez más tiene personas trabajando en ella. Por un lado, la proliferación de congresos que abarcan esta temática es cada vez mayor. Por el otro, el interés que despierta en mucha gente se puede comprobar en el éxito de muchas publicaciones de este estilo. Este “auge” también se pudo constatar en la presencia de un gran número de ponencias que hizo que tuviesen que haber diversas sesiones paralelas. Conviene resaltar la buena organización del congreso pudiendo haber en la mayoría de las sesiones tiempo para debates y preguntas. Un hecho que, cualquiera que haya asistido a un congreso, sabrá que no siempre suele darse.

Una de las sensaciones que tuve al final del congreso es que hay una serie de instituciones y de grupos que tienen muy claro qué hay que hacer para el desarrollo de la historia militar y cómo hacerlo en el ámbito estadounidense Lo cierto es que las cifras que manejaban en términos de visitas a la web del Center of Military History eran realmente altas: un millón mensuales. Una cantidad nada despreciable teniendo en cuenta el tipo de página. También me sorprendió el análisis de las herramientas necesarias para una mayor difusión y cómo emplear las nuevas tecnologías como pueden ser los ebooks, facebook o Twitter. También hubo diversas ponencias sobre los objetivos y planes de la organización y, en general, de los diferentes grupos o entidades que se dedican a la historia. Dado mi desconocimiento de éstos no puedo hacer un análisis más detallado sobre la problemática o la visión que se planteó en el congreso.

Quizá uno de los elementos que más me sorprendió fue el papel que juegan los museos dentro del ejército. Si bien es cierto que muchos de los aspectos de ofrecer la historia o detalles sobre el regimiento o cuerpo que cubren eran cosas esperadas, no es menos cierto que la función práctica y de base de datos constante que tenían para el ejército no deja de ser una sorpresa. Por definición, uno tiende a pensar en los museos de historia en muchos aspectos pero no en el de un campo de información y datos sobre prácticas para la actualidad. También resulta, cuanto menos curioso, el hecho que el ejército estadounidense tenga que volver a usar mulas en Afganistán y cómo, con el fin de saber cómo tratar a los animales, acudieron a un museo para recabar la información necesaria.

En la misma línea del uso práctico de la historia militar estuvo centrada la sesión que tenía como temática la enseñanza de la historia militar. Las ponencias presentadas me parecieron especialmente interesantes. En primer lugar, porque todas las ponencias resultaron estar centradas en logística. En segundo lugar, porque exponían cómo se organizaban y estructuraban una serie de cursos de formación para militares alrededor de recorrer campos de batalla y campañas. La explicación sobre los elementos que se resaltaban, el modo en cómo se enfocaba el curso y las tareas y trabajos que se planteaban eran realmente interesantes. Especialmente porque explicar sobre el terreno una batalla o una campaña no es fácil y si, encima, hay que centrarse en su vertiente logística la cosa aún es más complicada. Quizá encontré a faltar una visión más didáctica y cómo explicar esta problemática a un público no profesional o sin la formación adecuada pero, dejando de lado este deseo más que crítica, una sesión realmente muy interesante.

Otro de los elementos que resultó más interesante fue el centrado en los historiadores sobre el terreno. Es decir, la faena de recopilar material sobre las operaciones militares que lleva a cabo el ejército estadounidense. No deja de sorprender la ingente cantidad de datos que se recopilan al cabo de un año. Sin embargo, no deja de ser un problema si no son correctamente clasificados. Un detalle que se hizo mención durante el congreso en diversas ocasiones. En cualquier caso, es una tarea realmente monumental en ambos sentidos, el de recopilar toda esa información y después el de procesarla y organizarla. No nos debe de extrañar que estos dos fuesen los ejes de la charla centrada en el trabajo del historiador de campo.

Por razones evidentes tengo que reseñar la sesión centrada en Historia de Roma. Creo que lo que podía parecer un hándicap a priori, la evidente separación cronológica entre las tres ponencias, no fue tan evidente. Bien es cierto que la caída del Imperio romano es algo que fascina a la mayoría de la gente y, esto es una especulación mía, especialmente en Estados Unidos. La pregunta de un asistente sobre las lecciones que se pueden derivar de la historia de Roma es un buen indicativo de esa sensación de “aprender lo que sucedió para no repetirlo”. Creo que fue una sesión que ofreció una enorme variedad de perspectivas sobre una problemática más global dentro del mundo romano: el mantenimiento del ejército.

En líneas generales debo decir que fue un congreso muy interesante pues planteó una visión y toda una serie de prácticas que hasta el momento no había considerado ni conocía que existían. Lo cual, en el fondo, sigue siendo algo muy positivo por lo que significa para una disciplina, la historia militar, que teóricamente está anclada en el pasado y es incapaz de evolucionar.

Written by pauvm

04/08/2011 at 19:47

Publicado en Congresos, Historia

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