La Biblioteca de Perseo

Mundo clásico, libros y comentarios varios

Archive for the ‘Roma’ Category

Campesinos, los Gracos y las consecuencias de la expansión romana

leave a comment »


ROSENSTEIN, N., 2004, Rome at War. Farms, Families, and Death in the Middle Republic, The University of North Carolina Press, Chapel Hill and London.

La evolución del campesinado romano durante la República es uno de los elementos claves para entender la historia de Roma. Especialmente después de la Segunda Guerra Púnica. Las implicaciones de ésta y como afectó al campo itálico han generado una visión que ha tenido una fuerte influencia en las interpretaciones políticas y económicas de la fase final de la República. A continuación, resumiremos algunos de los principales puntos de esta tesis y sus implicaciones.

La presencia de Aníbal en la Península Itálica arruinó a la mayor parte del campesino itálico que se refugió en Roma. Provocando su crecimiento y, a su vez, generando una población “parasitaria” que dependía de numerosas exportaciones de trigo de fuera. Finalmente, una buena parte de estos formarían parte de los ejércitos de la Tardo-República, dependientes de las recompensas y concesiones de tierras que sus generales podían hacerles. No fue el único elemento que arruinó al campesinado. Las largas campañas en el exterior habrían provocado que muchos de los soldados no pudiesen sembrar y, por lo tanto, habrían caído en la ruina.

Esto se habría unido a la creciente importación de esclavos debido a las numerosas conquistas. Éstos reemplazarían a los pequeños propietarios con la aparición de los grandes latifundios esclavistas. Éstos, en manos de los ricos, crecerían a expensas de los pequeños agricultores que, o bien no regresarían al morir en las guerras, o, al volver, verían su campo arruinado al no haberlo podido cultivar.

Todos estos elementos dejaron una serie de consecuencias a nivel político de primera magnitud. La más conocida es la de los Gracos que, viendo un campo abandonado, intentaron conseguir la repartición del Ager Publicus para conseguir que Italia no se quedase sin soldados.

No es la única conclusión y nota de cambio social que se ha derivado de esta premisa. Por ejemplo, el aumento de autonomía y de independencia de la mujer se ha asociado a éstas conquistas en donde los hombres y padres estarían alejados de casa o morirían legándoles a ellas muchos de sus bienes.

En cierta forma, no deja de ser una excelsa paradoja moral todo el proceso que sigue a la expansión romana: la ambición de conquista arruinó a los soldados que la hacían factible y creó el problema que provocaría la ruina de la República. Esta visión, propuesta por Toynbee y ampliada por Brunt ha seguido hasta la actualidad con una enorme vigencia. No ha sido hasta la aparición del libro de Rosenstein que nos hemos encontrado con una interpretación diferente de la problemática sobre la reforma de los Gracos.

Rosenstein aborda un estudio desde diferentes ópticas. En primer lugar considera hasta qué punto repercutía sobre los soldados su ausencia en tiempos de siembre. En segundo lugar, analizaba los hábitos culturales de las familias de campesinos como pueden ser la edad de casamiento, la edad de reclutamiento, las necesidades en cuanto a aportaciones calóricas de una familia y su capacidad de trabajo. En tercer lugar, analizaba la problemática de las muertes de los soldados en batalla. En el cuarto capítulo, sintetizaba las evidencias encontradas y planteaba una nueva visión sobre la problemática de los Gracos.

Sus conclusiones son sorprendentes: los Gracos se equivocaron. El problema de Roma era una sobrepoblación y una falta de tierra producida por dinámicas demográficas internas. En cierta forma, exoneraba a la aristocracia de haber arruinado al campesinado con sus campañas en el exterior. No es el único lugar en donde plantea una nueva visión. Por ejemplo, considera que el papel de los esclavos ha sido muy exagerado pues, para alcanzar algunas de las cifras propuestas, habría significado que Roma tendría que capturar más esclavos de los que ya tenía solo para conseguir que éstos mantuvieran su número.

Quizá el punto más interesante es que resalta el delicado equilibrio entre las dinámicas internas de las familias de campesinos y el sistema de reclutamiento. De este modo, los hombres se casaban, mayormente, a los treinta años. Lo que coincidía con la fecha en que solían dejar de servir en el ejército. Esto significaba que cuando eran reclutados era el momento en que su familia menos dependía de ellos (siempre en un caso normal). Eso hacía que su ausencia tuviese un impacto menor. Este equilibrio garantizaba una capacidad de reclutamiento continuado y tenía poco impacto dentro de la sociedad. Es interesante este elemento pues significa que cuando un soldado volvía del ejército aún se tenía que casar.

Otro elemento de gran importancia es la idea que hasta la Guerra Anibálica los soldados recibían un permiso para atender sus cosechas. La distancia y la dureza de las guerras posteriores acabarían con esta práctica y provocarían una crisis. Como muy bien resaltado Rosenstein, la distancia ya era un factor importante en el siglo IV aC en la conquista de la Península Itálica. Tampoco, a nivel estratégico, tendría sentido el licenciamiento de las tropas durante el invierno cuando precisamente encontramos ejemplos que nos indican la presencia de tropas en activo incluso en el siglo IV aC. Estos factores llevan a considerar que este aspecto ha sido mal interpretado o, como muestra en el análisis de diversas evidencias usadas por otros autores, inventados. En esencia nos encontramos con un análisis, hasta el momento, en donde no existía una consideración sobre lo que significaba logísticamente un ejército. No nos debe extrañar que se considerase que la capacidad de desbandar y volver a unir ejércitos fuese algo viable al no tener presente el coste a nivel de equipo, manutención y, sobre todo, de importancia estratégica de unas medidas de este tipo. Por no hablar de las consideraciones a nivel de disciplina. Como indica Rosenstein, la siembra no era un momento fijo, podía variar y ¿qué soldado abandonaría a su familia cuando su supervivencia estaba en juego? Finalmente, una medida de este tipo permitiría una enorme ventaja al ejército rival.

En definitiva, el trabajo de Rosenstein, de nuevo como ya indicamos en otra reseña, aporta una visión tremendamente interesante y que, debería, hacer que muchas concepciones, visiones y modos de interpretar la guerra y sus consecuencias dentro del mundo romano fuesen revisados.

Anuncios

Written by pauvm

13/01/2012 at 9:34

Publicado en Historia, Reseñas, Roma

Tagged with , ,

Creando la frontera en Roma

leave a comment »


Casi siempre, cuando se intenta evocar una imagen sobre la frontera romana, se suele recurrir al Muro de Adriano. Una enorme muralla, con múltiples fuertes y torres que vigilaban a las tribus de la zona. Es, en cierta forma, una imagen mítica. Otra imagen cliché se podría encontrar en el típico mapa sobre los avances romanos alrededor de los grandes ríos de la zona de Germania y la ubicación de los diferentes campamentos. En esencia, éstas son las dos imágenes más comunes y, algo que la mayoría de la gente olvida, más tardías sobre la frontera romana. Por esas fechas, ya hacía más de 300 años que Roma había tenido que gestionar y crear fronteras. Sin embargo, apenas hay estudios sobre lo que supuso la creación de la frontera en época republicana. Esto es debido a dos razones.

La primera de ellas es debido a la falta de evidencias materiales sobre la época republicana. De hecho, sirviendo como ejemplo, existen muchas sobre cómo iban armados los soldados romanos. Tampoco se conocen con detalle los campamentos de los ejércitos republicanos. De hecho, la mayoría de grandes batallas están por excavar aún hoy. Es decir, nos encontramos con un período en el que a nivel arqueológico apenas contamos con datos. En contraposición, podemos encontrar los grandes yacimientos del limes germano o del limes británico. Campamentos como Vindolanda han aporta ingentes cantidades de información que nos han permitido conocer detalles sobre la alimentación o la vida cotidiana de las tropas. No es el único ejemplo, los campamentos de diversas zonas del imperio han arrojado resultados similares.

Esta disparidad de evidencias se puede explicar debido a que en época imperial estamos hablando de campamentos estables y fijos. Algo que en época republicana es bastante más extraño. También conviene destacar que, al no conocer con detalle la panoplia de los legionarios romanos, cuesta diferenciar su presencia con las poblaciones nativas de zonas como Hispania. Por eso cuesta diferenciar, en las primeras épocas, lo que podría ser un ejército consular de una tropa indígena.

De este modo, las evidencias arqueológicas han permitido una mayor y mejor comprensión del fenómeno de la frontera en época imperial mientras que, para el caso republicano, no existe, ni mucho menos, una bibliografía ni evidencias comparables.

Esta disparidad en las evidencias se ha complementado con una tendencia a simplificar y reducir el período republicano en una especie de “máquina de guerra” insaciable y sin ningún propósito más allá que conseguir riquezas y honores para los generales. Conviene destacar que una concepción muy parecida es sostenida por numerosos expertos para época imperial. Sin embargo, también existe una fuerte corriente que cree en la existencia de una política y racionalización de la frontera. Para época republicana, no existe una visión de este tipo. La imagen predominante de la política republicana es la de una sociedad que busca la guerra de forma constante.

De este modo, si la mayoría de los autores no consideran que sea posible que exista una frontera, tampoco buscarán en el comportamiento de los generales una mentalidad “de frontera”. Aspecto especialmente importante si tenemos presentes los problemas a nivel arqueológico que hemos indicado anteriormente. Por esta razón, hoy queremos centrar esta entrada en dos libros que aportan una visión diferente sobre la política romano-republicana y cómo ésta forjó sus fronteras.

El primero de los libros es The Creation of the Roman Frontier  por Stephen L. Dyson. El segundo es Senate and General. Individual decision-making and Roman foreign relations 264-194 B.C. de Arthur M. Eckstein. El porqué hablamos del primer libro es bastante explicativo en su título. El segundo puede generar más dudas pero su foco de estudio se centra en la capacidad de decisión y los motivos que impulsan a los generales y cómo afecta eso a la política republicana. Dyson plantea una lectura más genérica y global sobre la creación de la frontera. Eckstein, analiza el porqué y el cómo de las decisiones diplomáticas de los generales y el impacto que éstas tuvieron. Ambos libros, aunque sea desde diferentes perspectivas, están profundamente vinculados entre sí y nos ofrecen una excelente panorámica sobre la creación de la frontera romana y los mecanismos con los que se llevó a cabo. Por esta razón, destacaremos algunos de los puntos más importantes o que conviene tener presentes de ambos libros.

Quizá el primer punto a considerar sean los límites cronológicos y geográficos que existen en ambos trabajos. Por un lado, Dyson se centra solo en la frontera occidental. La razón es que en el caso oriental nos encontramos con fronteras y elementos que condicionan las decisiones de Roma. Por el contrario, en el caso occidental, Dyson la ve como la auténtica expresión de una frontera “romana” ya que en ella hay una “libertad” para su desarrollo. Por el contrario, el libro de Eckstein abarca en un plano global pero, a nivel cronológico, es mucho más corto. Esto hace que tengamos dos visiones que, en gran medida, se complementan entre sí. Una aportando una visión global mientras que la otra aporta un espectro cronológico más amplio en el estudio de unas zonas determinadas.

Otro de los puntos importantes a resaltar es la coincidencia de ambos autores en el papel que tuvo el Senado en la zona de la Galia Cisalpina. Esto era debido al miedo y la cercanía de los galos respecto a Roma. Para ambos autores, el saqueo de Roma por Breno y las continuas luchas entre ambos rivales agudizaron un fuerte miedo en la sociedad como se puede atestiguar en números rituales y prácticas. Este hecho explicaría el control del Senado: un error podría significar que la presión gala afectase a Roma con mucha rapidez. Por esta razón, ambos autores también destacan que la política romana en la zona fue defensiva. En donde discrepan es en el momento que se da el cambio en ésta. Dyson sitúa el cambio de la actitud romana a partir de la toma de Mediolanum y la instalación de las colonias de Cremona y Plasencia en el 218 aC. Por el contrario, Eckstein ubica el cambio a partir del 197 aC. Personalmente consideramos que el análisis de Eckstein sobre las acciones romanas entre los años 218 al 197 aC muestra de forma clara la inexistencia de una política clara y, mucho menos, que pueda considerarse ésta como agresiva. De hecho, existen numerosos períodos de una relativa tranquilidad y poca actividad por parte de los ejércitos romanos. Lo que indudablemente choca con una visión sobre una política agresiva en la zona.

También es excepcional a los ojos de Dyson esta frontera debido al papel que juegan las colonias. El hecho que el Senado marque como límite de Italia hasta los Alpes hace que esta zona sea excepcional dentro de los planteamientos de Roma. Por un lado porque se lleva a cabo una política mucho mayor. Así encontramos controles sobre la inmigración de los galos y desplazamientos de poblaciones. Por otro lado, contamos con la instalación de colonias, un fenómeno mucho mayor que en otras provincias y que para Dyson es una muestra de la importancia que éstas tienen para la frontera gálica.

En segundo lugar, conviene destacar el papel que se adjudica a las figuras individuales dentro de la configuración de la frontera. Dyson recalca la importancia que los caudillos, líderes y reyes tienen dentro de la frontera romana. Éstos sirven, siendo aliados, como ojos y como “barreras” contra posibles peligros. También son una herramienta básica de control. No nos debe extrañar que en su libro considere que prohibiciones como la de comerciar con oro con los galos por parte del Senado se inscriben en una política clara de favorecer y evitar posibles causas de conflictividad social en las zonas de aliados o amigos de Roma. De hecho, Dyson considera que la expansión romana habría que ser considerada como un imperialismo periférico. Es decir, que las causas de la expansión habría que buscarla en las acciones de las tribus y elementos de frontera y el modo en cómo se entiende (sea bien o mal) desde la metrópolis.

La importancia que tienen las grandes figuras también es objeto de la preocupación de Eckstein. De hecho, tiene mucho más peso en la configuración de la frontera aunque en su caso hay que entenderla desde el protagonismo que concede a los generales romanos. La razón de este hecho se sustenta en dos ejes: la dificultad de contactar con el Senado en las provincias fuera de Italia y la necesidad de tomar decisiones inmediatas en determinadas situaciones. De este modo, la política y acuerdos de Roma con numerosas comunidades eran producto de las percepciones y conclusiones que extraía el general sobre el terreno. Excepto elementos puntuales (como el asentamiento de mercenarios en Morgantina) el Senado tenía cierto peso. Por lo demás, eran las decisiones del cónsul o pretor las que tenían un peso preferente. De hecho, la mayoría de los acuerdos son ratificados casi sin sufrir muchos cambios. Por esta razón, Eckstein cree que la figura de los generales es vital dentro de la formación de frontera romana. El mejor ejemplo se puede encontrar en Sicilia donde los acuerdos establecidos por los diferentes generales de la Primera Guerra Púnica condicionaron enormemente la actuación romana en la zona. Hasta el extremo que incluso en época de Cicerón muchos de esos acuerdos seguían vigentes.

Como punto final quizá convendría resaltar el peso que ambos trabajos dan a la transmisión de las relaciones y contactos entre los diferentes familiares de una gens. Dyson tiene una aproximación mucho más prosopográfica en su estudio, aunque reconoce los peligros que tiene este método. Eckstein la usa mucho menos aunque si que le da una especial relevancia dentro de la política romana en Hispania. De hecho, llega a afirmar que la presencia de Asdrúbal en la Península Ibérica durante la Segunda Guerra Púnica se debía más a su papel como “heredero” de las redes de contactos que a la efectividad de la política romana de bloqueo de los refuerzos a Aníbal. De hecho, afirma que era imposible que hubiesen conseguido bloquear el paso de efectivos. Algo que creemos que choca con su análisis sobre la batalla de Hibera a la que considera decisiva al evitar que Asdrúbal consiguiera llevar refuerzos a Aníbal.

En cualquier caso, ambas obras constituyen una buena aproximación a la problemática de la frontera en época republicana. Si bien es cierto que ambas no aportan una visión global de ésta también lo es su complementariedad. De este modo, vemos la toma de decisiones desde una doble perspectiva. Hay puntos, como el que hemos expuesto sobre la Galia Cisalpina, en donde hay una coincidencia notable (aunque con discrepancias en algunos puntos) y, a su vez, una cierta divergencia como puede ser en Hispania. En cualquier caso, dos lecturas recomendables para aquellos interesados en la Roma republicana.

Written by pauvm

28/12/2011 at 14:33

Publicado en Historia, Roma

Tagged with , , ,

Hispaniae. Spain and the Development of Roman Imperialism, 218-82 BC por Richardson

leave a comment »


RICHARDSON, J. S., 1986, Hispaniae. Spain and the Development of Roman Imperialism, 218-82 BC, Cambridge University Press, Cambridge.

La conquista de la Península Ibérica es uno de los procesos más largos en la historia de Roma. Desde su entrada en el año 218 aC a raíz de la Segunda Guerra Púnica hasta las Guerras Cántabras la presencia romana fue extendiéndose poco a poco por el territorio. Esta expansión, tan lenta si se compara con otras conquistas romanas, ha despertado infinidad de análisis y de interpretaciones.

A pesar de esta gran cantidad de estudios, ha habido una buena cantidad de aspectos que nunca han sido considerados a los que apenas se ha prestado atención. Un ejemplo, casi paradójico como ya he resaltado Dyson en su libro The Creation of the Roman Frontier, es el hecho que apenas se haya intentado prestar atención al estudio sobre la frontera. En una línea similar se puede situar la falta de estudios sobre la presencia del ejército romano en la Península Ibérica. De hecho, aunque los numerosos estudios sobre las guerras cántabras, la re-excavación de los campamentos de Numancia y los trabajos sobre la Segunda Guerra Púnica apenas se sigue sabiendo nada sobre el armamento y el equipamiento de los soldados romanos. Estos problemas se dejan notar, y mucho, en el trabajo de Richardson.

Nos encontramos ante un trabajo que analiza la presencia y la actuación romana en la zona por lo que es casi imprescindible que se tenga que adentrar en la problemática sobre el imperialismo romano. Richardson se desmarca de las interpretaciones más próximas a las tesis de Harris y rechaza que existiera una voluntad clara y expresa de explotar la Península Ibérica antes de la entrada de Roma en ella. De hecho, avisa de los problemas que suponen considerar una política agresiva, la que adjudica a los pretores o cónsules romanos, con una política imperialista. De hecho, llega a considerar que, para el caso de la Península Ibérica, podríamos hablar sobre un imperialismo periférico. Una definición interesante aunque choca cuando el análisis ha sido, mayormente y salvo contadas menciones, focalizado en las acciones de Roma. De hecho, el análisis sobre las acciones de las diferentes tribus o ciudades es escaso. Casos donde tiene gran importancia, como el papel que jugaron durante la Segunda Guerra Púnica, apenas tiene influencia. De hecho, los motivos de una expansión motivada por motivos personales de los comandantes en la zona encaja mucho mejor con una visión schumpeteriana que periférica.

Conviene resaltar que Richardson intenta periodizar la política romana en la zona. A grandes rasgos considera que existe una política agresiva desde la entrada en el 218 aC hasta las reformas que lleva a cabo Tiberio Graco. Esta es una figura clave en el libro pues a él atribuye la introducción de una serie de tributos y de regulaciones que fueron la base para las relaciones entre Roma y las diferentes tribus además de marcar un antes y después en la situación en Hispania. De hecho, la reducción de tropas y de conflictividad en la zona posterior es atribuida de forma directa a sus acciones. Es de destacar que las medidas de Graco son consideradas como Richardson como una medida personal, no una política por parte de Roma. Esto es interesante pues significa que no existe una voluntad expresa por parte del Senado de explotación y de control del territorio. Aunque las minas de Cartago Nova, como se resalta, proporcionaban riqueza no menos cierto era que habían muchas más zonas con posibilidades de ser explotadas. Por esta razón, esta obra se desmarca de las tesis que sostenían que los romanos habían buscado una explotación consciente y deliberada de la zona. De hecho, este análisis de los diferentes períodos de la expansión romana es el principal objetivo del libro y el que mejor explicado y argumentado está.

De este modo, el libro queda desestructurado. Por un lado, cuenta con un buen estudio sobre la periodización de la conquista romana de la Península Ibérica. Por el otro, apenas hay un intento de esbozar la relación, compleja y complicada, que se estableció entre romanos e indígenas. Esto, especialmente por el primer punto que hemos comentado, resulta especialmente problemático lo que, a nuestro modo de ver, resta muchos puntos al libro.

Written by pauvm

19/12/2011 at 19:29

¡Ay de los Vencidos!

leave a comment »


ROSENSTEIN, N. S., 1990, Imperatores Victi. Military Defeat and Aristocratic Competition in the Middle and Late Republic, University of California Press, Berkeley and Los Angeles.

En los últimos años se ha puesto mucho énfasis en la importancia que tenía la victoria militar dentro de la sociedad romana. Ésta era el objetivo último en una feroz lucha interna de la aristocracia por conseguir los beneficios que venían derivados de ella. Por un lado, estaba la ingente cantidad de botín que se podía obtener. Por el otro, el prestigio asociado a la victoria. Esto hacía que la victoria militar se convirtiera en el eje de la política exterior romana. Es decir, la aristocracia necesitaba guerras en donde conseguir honores para poder alcanzar las magistraturas de mayor prestigio. Esta idea, desarrollada y con ejemplos se puede encontrar en War and Imperialism in Republican Rome 327-70 BC (1979) de Harris.

Aunque siempre se han enfatizado las victorias, en la historia de Roma existen un buen número de derrotas. Lo que levantaba una duda al respecto: ¿qué sucedía con los vencidos? Esta es una pregunta con múltiples connotaciones. A fin de cuentas, una sociedad donde el éxito militar es la base de todo ser derrotado debía de comportar una serie de consecuencias a nivel de prestigio y de poder muy importantes. Paradójicamente, no existía un trabajo sobre este tema hasta la aparición del libro que hoy comentamos.

La base sobre la que empezaba su análisis Rosenstein era el tratar de ver qué sucedía con aquellos generales que habían sido derrotados. Lo importante era ver hasta qué punto repercutía sobre su trayectoria política su derrota. Este es un punto de suma importancia. Un sistema en donde el éxito militar lo es todo acaba, con el tiempo, generando una segregación entre aquellos que son buenos generales y malos. Los primeros tienden a acumular los honores políticos y los segundos no pueden acceder a ellos. A fin de cuentas, ¿quién querría servir en una guerra bajo las órdenes de alguien que tiene fama de mal general? Por supuesto, una dinámica así acabaría, con el tiempo, desembocando en una conflictividad interna. Por eso, no solo había que encontrar como repercutía la derrota sino que mecanismos había para evitar esta ruptura del equilibrio dentro de la aristocracia.

Con ese fin, Rosenstein examinaba las principales causas de derrota que solían encontrar en las fuentes: castigo divino, indisciplina y mal comportamiento de los generales. Sin embargo, antes realizaba un análisis sobre la influencia que tenía la derrota en la carrera política de los aristócratas romanos. Las conclusiones eran, cuanto menos, sorprendentes. Exceptuando casos puntuales y, como se puede ver más tarde excepcionales, en la mayoría de los casos no repercutía de forma directa. Generales que habían sufrido grandes derrotas conseguían alcanzar el consulado e incluso llegaban a ser Censores. Aún es más, si se podía suponer que conseguían eso después de un largo período de tiempo tampoco era así. Algunos incluso dos años después conseguían el acceso a las más altas magistraturas. Tampoco impedía eso que repitieran al frente de un ejército o que sus descendientes consiguieran alcanzar los mismos honores que ellos. No parecía existir una repercusión directa sobre su carrera por las derrotas militares. Ante este hecho, se hacía más importante aún analizar los mecanismos que mantenían el equilibrio.

Los prodigios y las explicaciones divinas se suelen suceder en las fuentes después que un ejército haya sido derrotado. Éstas se convierten en el modo de explicar el porqué de la derrota. Sin embargo, las evidencias ponen de manifiesto que la religión tiene un papel clave dentro de la ideología romana. La benevolencia de los dioses es un elemento central dentro de la ideología sobre el éxito militar de la República. Aún así, conviene resaltar que dentro de la relación entre dioses y mortales, desde la óptica romana, ya da pie a una propia interpretación que esa harmonía que proporciona la victoria se pueda romper. Es parte del sistema y, también, es parte de la habilidad del general de llevar a cabo las acciones con la mayor corrección. De hecho, aquí, junto con el siguiente punto, el concepto básico es el rigor y la disciplina con la que se lleva a cabo la tarea. Por eso, el factor divino se busca después de una derrota como la explicación nunca en el momento en que se puedan dar incorrecciones o deslices pues estos pueden, dependiendo de las acciones de los generales, superarse o ignorarse.

La disciplina de las tropas era otro elemento importante. El modo en cómo se comportaban las legiones podía explicar una derrota. No nos debe extrañar los fuertes castigos que existen para los soldados que no mostrasen una conducta acorde a lo que se suponía que tenían que llevar a cabo. Tampoco es extraño encontrar que las legiones que se salvaron en Cannas fueron obligadas a servir fuera de Italia hasta el fin de la guerra. Son detalles que ponían de relevancia la importancia que tenía que los soldados actuasen como se les exigía. Un ejército con mala disciplina o mal entrenado podía explicar una derrota.

Ahora bien, en los dos factores que hemos reseñado, hay un factor que los une y condiciona: el papel del general. En el primero, no era hasta la derrota que no se consideraba que algo hubiese ido mal. En el segundo todos eran factores que, en última instancia, dependencia de la capacidad del general de imponer la disciplina. Es por esta razón que el factor que Rosenstein encontraba clave para entender el porqué algunos generales eran juzgados o no estribaba en el comportamiento que éstos adoptaban. Es decir, la clave era si éste se había comportado como se suponía a un hombre de su rango durante la batalla. Si había sido el primero en huir, entonces la culpa de la derrota se le atribuía a él. Si, por el contrario, había llevado a cabo todas las medidas posibles y había actuado con la dignidad que le correspondía a su cargo entonces quedaba libre de culpa.

Este es un factor muy importante pues explicaba los sacrificios y las muertes de los generales en batalla y sus decisiones de arriesgarse en ellas. También ponía de manifiesto como una muerte heroica proporcionaba a la gens gloria y, por lo tanto, eximía de cualquier imputación de conducta no valerosa. El modo en cómo se comportaba un general marcaba que, incluso en la derrota, consiguiera reconocimiento y respeto por sus acciones.

En definitiva, la idea que se puede extraer de este libro es que hay que poner un freno a la importancia que se le ha concedido al triunfo como la “llave del paraíso” a nivel político. De hecho, habría que replantear toda la concepción que la aristocracia depende del éxito militar para su ascenso social. Esto no significa que se tenga que negar su importancia y papel clave como impulso pero hay que reducir la visión simplista que se ha tendido a adoptar. Hay que considerar muchos más aspectos dentro de la sociedad romana como claves para el éxito social y, por lo tanto, no reducirlo todo a una expansión y a la búsqueda de campañas militares en el exterior. De hecho, es cuanto menos ilustrativo las comparaciones que se tienen con otras ciudades respecto a lo que sucedía con sus generales derrotados: los púnicos, aunque aquí las fuentes pueden exagerar, crucificaban a sus generales; los atenienses, los enviaban al exilio o eran juzgados.

En cualquier caso, esta es una de las lecturas recomendadas para todos aquellos que quieran conocer el funcionamiento interno de la sociedad romana y cómo se estructuraba la competencia entre los diferentes aristócratas por las magistraturas.

Written by pauvm

06/12/2011 at 20:49

Historia de Roma de Mommsen

leave a comment »


MOMMSEN, T., 1876 (2005), Historia de Roma II, Grandes Obras de la Cultura, RBA editores

Decir Mommsen es, en esencia, decir Historia de Roma. El alemán ha dejado un legado enorme y su influencia se deja sentir en muchísimos ámbitos del mundo romano. Es difícil no encontrar algún tema o aspecto en que no haya dejado su huella. Precisamente, por esta razón, su lectura es obligatoria para todo aquél que quiera conocer la historiografía y el trato que se ha ido dando a Roma.

Como habréis visto, no hablo de la Historia de Roma, sino de historiografía. ¿Por qué? Por una razón muy simple, la obra de Mommsen, en muchísimos aspectos ha quedado desfasada y, en otros, tiene una serie de problemas o de visiones propias de su época pero que ya han sido superadas. Por esta razón, todos aquellos que quieran saber más sobre Roma deben evitar el libro si buscan en él una primera toma de contacto. Si por el contrario ya tienen conocimientos sobre el período es una lectura sumamente interesante. Pero, ¿cuáles son los problemas que tiene la obra de Mommsen?

El primero y el más evidente son ciertas concepciones y juicios propios del momento histórico en el que escribe. El caso más claro es el desprecio a lo oriental o los comentarios sobre la raza fenicia. Estos elementos se pueden observar en diversas ocasiones e ilustran a la perfección uno de los grandes cambios a nivel de mentalidad que se han dado desde entonces. Otro ejemplo se puede encontrar en la definición de la política romana, o cartaginesa, en torno a partidos. Algo que, más tarde, fue abandonado debido a que no se ajustaba a la realidad. Así, a la composición tan jerárquica y cerrada que hace el alemán en su obra choca con la visión que se tiene actualmente sobre los diferentes grupos de poder. Finalmente, conviene tener presente la concepción de “civilización” y “bárbaros” que existe en el momento en que se escribe la obra. Esto ha llevado a que en muchos aspectos se pueda apreciar una visión positiva de las acciones porque provocarán, a largo plazo, una integración de una zona en lo que el autor considera “civilización”.

El segundo punto es más extenso y abarca la totalidad de la obra. Mommsen es positivista. No existe una crítica de las fuentes. Es cierto que el autor elabora juicios sobre la conducta y el modo en cómo se desarrollan las acciones pero, en ningún momento, analiza el modo en cómo son caracterizados los personajes o sucesos de la obra. Como se ha puesto de relieve mucho más tarde, la obra de Polibio o Livio tienen una serie de concepciones, intenciones y objetivos que hacen que ciertos sucesos y personajes sean caracterizados de un modo específico. Buenos ejemplos de ello son la toma de Cartago Nova o el motín del campamento en el Sucro que son caracterizados para reforzar la imagen de Escipión.

Toda esta problemática hace que en muchos de sus juicios Mommsen tome la descripción que hacen las fuentes sin criticarla. De este modo, no debe resultar extraño que lamente y critique las acciones de los sectores más populares durante la Segunda Guerra Púnica o que convierta a la masa del pueblo en la fuente de crisis o elementos desestabilizadores a lo largo de su historia.

El tercer problema en la obra de Mommsen es la ausencia de la arqueología en sus análisis. Hay que matizar que en el momento en que se escribe esta obra no existe la disciplina como tal y predomina el estudio de las inscripciones. Sin embargo, su desarrollo posterior ha arrojado una visión mucho más compleja y a aportado muchos más datos que han hecho que, en muchos casos, las tesis que planteadas por el autor hayan quedado muy desfasadas.

En cuarto lugar, se podría ubicar el hecho que no cita muchos de los pasajes y críticas que realiza. Algo que influye poco para una lectura no académica pero que no deja de ser un problema. De este modo, cuesta mucho dilucidar qué apartados corresponden a juicios de otros autores, cuáles de los autores clásicos y cuáles son propios. Es un detalle menor para la mayoría de la gente pero tiene su importancia.

Por supuesto, todos estos problemas no hacen menos meritorio el análisis de Mommsen. Es, y será, un autor de referencia y el padre de la Historia romana. Ahora bien, por suerte o desgracia, en Historia se evoluciona en el modo en cómo se entienden los sucesos y hechos del pasado. Actualmente existen toda una serie de visiones, aportaciones y ciencias auxiliares que han hecho que la obra de Mommsen presente bastantes problemas.

Por estas razones, es una lectura que se debería de abordar con cuidado y con ciertos conocimientos sobre el mundo antiguo. No hacerlo, puede dejar impresiones y concepciones que, actualmente, han sido completamente descartadas o superadas.

Written by pauvm

30/10/2011 at 13:34

Publicado en Reseñas, Roma

Tagged with , ,

The Poison King por Adrienne Mayor

leave a comment »


MAYOR, A., 2010, The Poison King. The Life and Legend of Mithradates. Rome’s Deadliest Enemy, Princeton University Press, Princeton and Oxford.

Llevar a cabo una biografía de un personaje histórico es algo complejo. Uno de los mayores errores en los que se puede incurrir es en sentir cierta simpatía e incluso excusar muchos de sus actos. Una buena biografía es capaz de sobreponerse a éste problema. Una mala, queda lastrada de forma irreversible. Este es uno de esos casos.

La figura de Mithridates está llena de claroscuros. Desde su capacidad de reponerse y su fiereza en la lucha contra Roma pasando por sus asesinatos de rivales o el de los 80.000 itálicos y ciudadanos romanos en el año 88 aC. Todo esto debería servir para trazar una biografía en donde se ahondara en esta contraposición tan clara en el modo de actuar del soberano del Ponto. Sin embargo, encontramos una idealización de su figura continuada. Si bien es cierto que muchas de las anécdotas que nos relatan las fuentes romanas y griegas pueden estar distorsionadas, eso no implica que tengamos que dar por completo la vuelta a sus argumentaciones.

Este hecho se hace muy palpable conforme uno va leyendo la obra de Mayor en donde hay momentos en donde se llega al absurdo para querer justificar el genio político y militar de Mithridates. Un ejemplo es el reparto de territorios entre Nicomedes III y Mithridates. Cuando ambos se pelean y buscan en el Senado el apoyo para conseguir sus objetivos Mayor expone que los representantes del Ponto hablan de los vínculos con Aristonico del pretendiente de Nicomedia. Para Mayor eso supone un acierto pues asusta al Senado y, a la vez, galvaniza a los seguidores de Mithridates. Si la imagen del rebelde de Pérgamo tenía tanta prédica, razón de su uso por el rey del Ponto, resulta poco menos que extraño que use este argumento para desbancar a un pretendiente. Una cosa así debería de generar una reacción de rechazo por parte de los partidarios de Aristonico al ver como Mithridates se aliaba con el Senado para evitar que un descendiente de éste llegase al poder.

No es el único análisis que llama la atención. Roma es presentada en la mejor tradición schumpeteriana: la máquina de la guerra. Un “Lobo” (tal como la define la propia autora) que amenaza con acabar con todo. Por eso, cualquier amigo de Roma podía ser atacado en todo momento. De hecho, Gruen ya puso de manifiesto una visión muy diferente de la toma del testamento de Átalo III por parte de Aquilino. Incluso como llevó a cabo una labor de manutención de los caminos del reino y como el oro de esta zona tardó bastante en ingresar en Roma. Una visión que, por otro lado, no es discutida aquí a pesar de la imagen radicalmente diferente que encontramos en el libro.

De hecho, uno no deja de tener la sensación a lo largo del libro que hay un doble rasero enorme para medir ciertos aspectos del libro. Por ejemplo, que Nicomedes III haga que uno de sus hijos adopte el nombre del rey de Capadocia para engañar al Senado es comentado como una muestra de ingenio y habilidad. Sila expropia la mitad de las tierras de Tebas, aliada con Mithridates, y la cede a los templos que había saqueado para que recuperen sus riquezas y es llamado cínico. Este es un ejemplo simple, pero hay muchos más. La expansión del Ponto nunca recibe el adjetivo de imperialista, cuando la propia autora se deshace en elogios a su extensión, de hecho es poco menos que una misión civilizadora o libertadora. Llama la atención que recalque tanto las riquezas que estas tierras proporcionan al tesoro real pero nunca se hable de la explotación y voracidad por parte de Mithridates. Todo lo contrario que con el caso romano.

Este doble rasero se hace aún más palpable cuando encontramos que las razones que se arguyen para la matanza de los itálicos son de corte político y ese mismo análisis se deja pasar con el caso de las acciones de Aquilino. También se puede ver en el trato que recibe el ejército de Mithridates en Grecia, llamado ejército de liberación en numerosas ocasiones. En la misma línea se puede hablar de las deportaciones masivas que lleva a cabo Tigranes, aliado de Mithridates. Podríamos añadir la política con Chios del rey del Ponto como otro ejemplo de esta disparidad de análisis.

Aún peor resulta ver como se afirma la devoción y la pasión que se siente en Anatolia por la figura del rey del Ponto y vemos como rápidamente sufre deserciones o como después de sus acciones en Chios no hay una explicación clara. Muchas de las tramas de conspiración no son suficientemente explicadas. ¿Cómo entendemos que los gálatas se rebelan cuando hacía unas pocas páginas hablaba de la pasión por el rey de éstos?

También habría que analizar la poca crítica que hay de las cifras de los ejércitos del Ponto y de Armenia en éste conflicto. Un análisis detallado debería de poner de manifiesto lo exageradas de las cifras y, si se aceptan, lo gravoso que sería para las poblaciones cercanas su paso por la zona. Estos aspectos, de nuevo, nos permitirían una visión mucho más ajustada a la realidad que debió ser el conflicto: dos potencias disputándose la hegemonía regional del Asia Menor. Cada uno empleando sus medios y sus capacidades para conseguir sus objetivos. No hay más. Intentar vestir a un rey como Mithridates como libertador y amante de la democracia y la libertad personal resulta cuando menos curioso viendo el tratamiento que dio a sus hermanas encerrándolas y obligándolas a vivir como vírgenes toda su vida.

Por estos aspectos que hemos apuntado consideramos que esta es una visión muy sesgada y, sobre todo, poco incisiva en esos puntos en donde se decide dar una imagen tan favorable sobre las acciones del rey del Ponto. En lugar de eso, nos encontramos con una narración que parece más encaminada a glorificar al rey mientras se denigra a Roma que a un análisis serio y complejo de un momento histórico de gran complejidad.

Written by pauvm

28/10/2011 at 8:56

Roma nunca fue de mármol

leave a comment »


En cuanto a la Sibila de Cumas, la he visto con mis propios ojos colgada en una botella, y cuando los niños le preguntaban: “Sibila, ¿qué quieres?”, ella les contestaba: “¡Quiero morir!”.

(El Satiricón, 48,  8)

Cuenta Suetonio que uno de los logros de Augusto fue reconstruir una gran parte de la ciudad de Roma. Donde antes había edificios de barro y madera él los reemplazó por mármol. Aunque todo el mundo sabe que era una exageración no deja de haber quedado un cierto ideal de “gloria” en la forma en cómo se refleja la ciudad. Por un lado, están la mayoría de los autores clásicos que, por su procedencia social, ofrecen un retrato muy concreto y específico de lo que sería Roma. Sus relatos están plagados de grandes decisiones, lugares de gran significación y una visión de la ciudad en donde apenas aparece la mayoría de la población, es decir, los que son meros ciudadanos y no pertenecen un ordo elevado. A este hecho, ha ayudado, dentro del imaginario social, la idealización que se ha hecho, en muchos aspectos, de Roma y de Grecia. De hecho, la mayoría de películas o productos mass media han reforzado esta imagen.

Sin embargo, tampoco deja de ser menos cierto que Roma no era así. Todo el mundo lo sabe pero no es lo que se suele encontrar de la ciudad. Por suerte, hay una serie de autores que nos muestran una imagen mucho cercana a la realidad de la vida en la Ciudad Eterna para la mayoría de su población. Estos autores son Plauto, Persio, Juvenal y Petronio. Conviene hacer una pequeña aclaración previa sobre ellos. Excepto Plauto que es de época republicana, todos los demás son autores de época imperial aunque no son contemporáneos los unos de los otros pero sí que están más o menos cercanos. Esta divergencia cronológica es especialmente interesante porque muchos de los temas tratados por los autores son muy parecidos. Es decir, aspectos como la dependencia del patrón o las quejas sobre la moralidad o los cazadores de testamentos serán comunes y objeto de burla por parte de los diferentes autores. También, todos, excepto Plauto, usan la sátira, en latín satura, para expresar sus puntos de vista. Eso significa que hay una composición y una semejanza en el modo en cómo son expresadas las quejas sobre Roma. Plauto, por el contrario, usa el teatro, adaptando a los gustos romanos. Eso hace que reproduzca temas y conceptos griegos pero que sean adaptados a la realidad de su momento. De hecho, no es ninguna sorpresa ni nada fuera de lo común pues él mismo al inicio de las obras explica de qué pieza griega adapta.

Entonces, ¿qué une a todos estos autores? Pues que todos ellos nos proporcionan una imagen menos luminosa y más cotidiana. Y es una imagen de polvo, barro, miseria, corrupción y, en esencia, el retrato de la sociedad que solo busca sobrevivir y conseguir comer cada día.

Voy con las piernas perdidas de barro, todos son pisotones de unas plantas enormes; un clave de soldado me ha herido un dedo.

(Juvenal, III, 245)

Y el relato que emerge de todos estos autores no es para nada halagüeño. Si para muchos autores clásicos Roma significaba cultura, saber, orden y leyes lo que uno se encuentra en la imagen que nos ofrece estas obras es todo lo contrario. La mayoría de la gente de la época la cultura simplemente la usa como una forma de ostentar y porque es lo que toca hacer. Así, vemos como los clientes que aspiran a escribir algo tienen que encontrarse con que su patrón no les da apoyo o que, cuando lo hace, es en unas condiciones deplorables y que está más preocupado de conseguir que le aplaudan a él que a la obra en sí misma. Esta manía por mostrarse culto porque sí queda ejemplificada en Trimalción que intenta hacer gala de su cultura pero que es incapaz de recordar o explicar ninguno de los mitos de forma correcta. De hecho, la imagen que emerge es que la cultura para la mayoría de los ricos, que son los que pueden propagarla y estudiarla, importa poco. Están más preocupados de hacer ostentación de su riqueza por medio de gastos absurdos y absolutamente delirantes.

De hecho, la ostentación es un elemento de peso en el retrato de los ricos y poderosos. De nuevo la imagen ideal vuelve a ser la de Trimalción pero no es la única. Juvenal cuando describe la vida de los clientes carga las tintas contra los lujos innecesarios de los patrones en contraste con el trato pobre e indigno que éstos reciben. De este modo, es más importante gastar en cualquier adorno que cumplir con nobleza con los deberes que se han contraído respecto a los clientes. Una clara contraposición respecto al pasado, en dónde si se tenía cuidado de éstos.

No son los únicos puntos en donde se incide en esta situación de pobreza de gran parte de la población. Uno de los pasajes más conocidos, y que más veces se ha citado, es el referente a la condición en la que vivía la mayoría de la población de Roma. Hacinados, en lugares insalubres y con la constante amenaza del fuego y de ver cómo lo que todo tiene. Aquí de nuevo se puede ver una crítica a los ricos que desatienden a la ciudad y sólo reaccionan cuando algo le sucede a uno de ellos.

Por supuesto, una población en esa situación acaba buscándose la vida como puede. Una de las prácticas más comunes es la estafa, especialmente en el caso de los testamentos. La búsqueda de cazadores de fortuna que intentaban confundir o aparecer en los testamentos de los ricos es una constante. De hecho, lo que nos queda del Satiricón acaba con los protagonistas urdiendo una trama para hacerse pasar por ricos y conseguir engañar a alguien que busque su favor para ser incluido en su testamento. Pero no es la única práctica deshonesta que se lleva a cabo. Adulterio, engaños, adopciones o simplemente abusos son una constante por parte de aquellos que pueden. Es una sociedad que busca sobrevivir al precio que sea y en donde un plato caliente es algo muy importante para las personas que viven en ella.

Otro de los grandes temas que nos encontramos es la crítica al ejército. Éste es representado de una forma brutal. Por un lado tenemos dentro de la obra de Plauto el estereotipo del “soldado fanfarrón”. Es decir, aquél que hace gala de sus logros y que no duda en exagerarlos. De hecho, éstos logros, casi siempre en Oriente, son los que le proporcionan riqueza y hacen de él una figura importante en las obras. Es un personaje que no duda en intimidar o amenazar con tal de conseguir sus objetivos o sus deseos. En el caso de los autores imperiales el ejército es resaltado por su posición de prestigio y el consiguiente abuso que eso lleva. Ya lo resaltará Juvenal: Sería, pues, cosa digna de esta mula que es el declamador Vagelio ofender tantas botas militares y tantos miles de clavos si tienes sólo dos piernas (XVI, 24-5). No es una imagen agradable la que se del ejército en su conjunto.

Finalmente habría que considerar el papel que se tiene de los esclavos dentro de estas obras. En la obra de Plauto son caracterizados dentro del estereotipo del personaje taimado y astuto que, por otro lado, solo busca su beneficio. Aunque éste se reduce a dos cosas: comer y evitar las palizas de su amo. Por otro lado, los autores imperiales, en una época donde existía un mayor lujo, parodian los extremos que se han llegado con el gasto de esclavos. Algunos tienen como única función servir la comida o el agua. Otros simplemente son adornos. Una buena muestra del uso estrafalario de los esclavos se puede ver, de nuevo, en la cena de Trimalción. De hecho, ésta es, en muchísimos aspectos, un retrato donde todos los vicios y problemas que apuntan los autores satíricos quedan sintetizados y unidos. Lo que no deja de ser una alabanza de Petronio y su capacidad de sintetizar toda una serie de problemas y situaciones que se daban dentro de la sociedad romana e irlas presentando a lo largo de un banquete.

La conclusión es que, a pesar que nadie creía el relato de una Roma inmaculada, la visión que nos aportan estos autores es necesaria y muy ilustradora. Dan vida y voz a toda una sociedad que vive en unas condiciones que son la noche de las de unos pocos privilegiados. Éstos, lejos de la imagen de sí mismos que nos han dejado, son, en el mejor de los casos, profundamente amorales. De este modo, la sociedad romana, por medio de estos autores, se ve realzado con claroscuros y con toda una realidad que queda muy lejos de los libros de historia. Algo qué, como ya se han lamentado los satíricos, no interesa a nadie pues, como se queja Juvenal:

¿Quién pagará a un historiador lo que daría a uno que le leyera las noticias? (VII, 104)

Lo triste es que esta máxima sigue siendo hoy tan vigente como hace casi dos mil años.

Written by pauvm

31/07/2011 at 23:52

Publicado en Historia, Roma

Tagged with , ,