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Campesinos, los Gracos y las consecuencias de la expansión romana

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ROSENSTEIN, N., 2004, Rome at War. Farms, Families, and Death in the Middle Republic, The University of North Carolina Press, Chapel Hill and London.

La evolución del campesinado romano durante la República es uno de los elementos claves para entender la historia de Roma. Especialmente después de la Segunda Guerra Púnica. Las implicaciones de ésta y como afectó al campo itálico han generado una visión que ha tenido una fuerte influencia en las interpretaciones políticas y económicas de la fase final de la República. A continuación, resumiremos algunos de los principales puntos de esta tesis y sus implicaciones.

La presencia de Aníbal en la Península Itálica arruinó a la mayor parte del campesino itálico que se refugió en Roma. Provocando su crecimiento y, a su vez, generando una población “parasitaria” que dependía de numerosas exportaciones de trigo de fuera. Finalmente, una buena parte de estos formarían parte de los ejércitos de la Tardo-República, dependientes de las recompensas y concesiones de tierras que sus generales podían hacerles. No fue el único elemento que arruinó al campesinado. Las largas campañas en el exterior habrían provocado que muchos de los soldados no pudiesen sembrar y, por lo tanto, habrían caído en la ruina.

Esto se habría unido a la creciente importación de esclavos debido a las numerosas conquistas. Éstos reemplazarían a los pequeños propietarios con la aparición de los grandes latifundios esclavistas. Éstos, en manos de los ricos, crecerían a expensas de los pequeños agricultores que, o bien no regresarían al morir en las guerras, o, al volver, verían su campo arruinado al no haberlo podido cultivar.

Todos estos elementos dejaron una serie de consecuencias a nivel político de primera magnitud. La más conocida es la de los Gracos que, viendo un campo abandonado, intentaron conseguir la repartición del Ager Publicus para conseguir que Italia no se quedase sin soldados.

No es la única conclusión y nota de cambio social que se ha derivado de esta premisa. Por ejemplo, el aumento de autonomía y de independencia de la mujer se ha asociado a éstas conquistas en donde los hombres y padres estarían alejados de casa o morirían legándoles a ellas muchos de sus bienes.

En cierta forma, no deja de ser una excelsa paradoja moral todo el proceso que sigue a la expansión romana: la ambición de conquista arruinó a los soldados que la hacían factible y creó el problema que provocaría la ruina de la República. Esta visión, propuesta por Toynbee y ampliada por Brunt ha seguido hasta la actualidad con una enorme vigencia. No ha sido hasta la aparición del libro de Rosenstein que nos hemos encontrado con una interpretación diferente de la problemática sobre la reforma de los Gracos.

Rosenstein aborda un estudio desde diferentes ópticas. En primer lugar considera hasta qué punto repercutía sobre los soldados su ausencia en tiempos de siembre. En segundo lugar, analizaba los hábitos culturales de las familias de campesinos como pueden ser la edad de casamiento, la edad de reclutamiento, las necesidades en cuanto a aportaciones calóricas de una familia y su capacidad de trabajo. En tercer lugar, analizaba la problemática de las muertes de los soldados en batalla. En el cuarto capítulo, sintetizaba las evidencias encontradas y planteaba una nueva visión sobre la problemática de los Gracos.

Sus conclusiones son sorprendentes: los Gracos se equivocaron. El problema de Roma era una sobrepoblación y una falta de tierra producida por dinámicas demográficas internas. En cierta forma, exoneraba a la aristocracia de haber arruinado al campesinado con sus campañas en el exterior. No es el único lugar en donde plantea una nueva visión. Por ejemplo, considera que el papel de los esclavos ha sido muy exagerado pues, para alcanzar algunas de las cifras propuestas, habría significado que Roma tendría que capturar más esclavos de los que ya tenía solo para conseguir que éstos mantuvieran su número.

Quizá el punto más interesante es que resalta el delicado equilibrio entre las dinámicas internas de las familias de campesinos y el sistema de reclutamiento. De este modo, los hombres se casaban, mayormente, a los treinta años. Lo que coincidía con la fecha en que solían dejar de servir en el ejército. Esto significaba que cuando eran reclutados era el momento en que su familia menos dependía de ellos (siempre en un caso normal). Eso hacía que su ausencia tuviese un impacto menor. Este equilibrio garantizaba una capacidad de reclutamiento continuado y tenía poco impacto dentro de la sociedad. Es interesante este elemento pues significa que cuando un soldado volvía del ejército aún se tenía que casar.

Otro elemento de gran importancia es la idea que hasta la Guerra Anibálica los soldados recibían un permiso para atender sus cosechas. La distancia y la dureza de las guerras posteriores acabarían con esta práctica y provocarían una crisis. Como muy bien resaltado Rosenstein, la distancia ya era un factor importante en el siglo IV aC en la conquista de la Península Itálica. Tampoco, a nivel estratégico, tendría sentido el licenciamiento de las tropas durante el invierno cuando precisamente encontramos ejemplos que nos indican la presencia de tropas en activo incluso en el siglo IV aC. Estos factores llevan a considerar que este aspecto ha sido mal interpretado o, como muestra en el análisis de diversas evidencias usadas por otros autores, inventados. En esencia nos encontramos con un análisis, hasta el momento, en donde no existía una consideración sobre lo que significaba logísticamente un ejército. No nos debe extrañar que se considerase que la capacidad de desbandar y volver a unir ejércitos fuese algo viable al no tener presente el coste a nivel de equipo, manutención y, sobre todo, de importancia estratégica de unas medidas de este tipo. Por no hablar de las consideraciones a nivel de disciplina. Como indica Rosenstein, la siembra no era un momento fijo, podía variar y ¿qué soldado abandonaría a su familia cuando su supervivencia estaba en juego? Finalmente, una medida de este tipo permitiría una enorme ventaja al ejército rival.

En definitiva, el trabajo de Rosenstein, de nuevo como ya indicamos en otra reseña, aporta una visión tremendamente interesante y que, debería, hacer que muchas concepciones, visiones y modos de interpretar la guerra y sus consecuencias dentro del mundo romano fuesen revisados.

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13/01/2012 at 9:34

Publicado en Historia, Reseñas, Roma

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Hispaniae. Spain and the Development of Roman Imperialism, 218-82 BC por Richardson

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RICHARDSON, J. S., 1986, Hispaniae. Spain and the Development of Roman Imperialism, 218-82 BC, Cambridge University Press, Cambridge.

La conquista de la Península Ibérica es uno de los procesos más largos en la historia de Roma. Desde su entrada en el año 218 aC a raíz de la Segunda Guerra Púnica hasta las Guerras Cántabras la presencia romana fue extendiéndose poco a poco por el territorio. Esta expansión, tan lenta si se compara con otras conquistas romanas, ha despertado infinidad de análisis y de interpretaciones.

A pesar de esta gran cantidad de estudios, ha habido una buena cantidad de aspectos que nunca han sido considerados a los que apenas se ha prestado atención. Un ejemplo, casi paradójico como ya he resaltado Dyson en su libro The Creation of the Roman Frontier, es el hecho que apenas se haya intentado prestar atención al estudio sobre la frontera. En una línea similar se puede situar la falta de estudios sobre la presencia del ejército romano en la Península Ibérica. De hecho, aunque los numerosos estudios sobre las guerras cántabras, la re-excavación de los campamentos de Numancia y los trabajos sobre la Segunda Guerra Púnica apenas se sigue sabiendo nada sobre el armamento y el equipamiento de los soldados romanos. Estos problemas se dejan notar, y mucho, en el trabajo de Richardson.

Nos encontramos ante un trabajo que analiza la presencia y la actuación romana en la zona por lo que es casi imprescindible que se tenga que adentrar en la problemática sobre el imperialismo romano. Richardson se desmarca de las interpretaciones más próximas a las tesis de Harris y rechaza que existiera una voluntad clara y expresa de explotar la Península Ibérica antes de la entrada de Roma en ella. De hecho, avisa de los problemas que suponen considerar una política agresiva, la que adjudica a los pretores o cónsules romanos, con una política imperialista. De hecho, llega a considerar que, para el caso de la Península Ibérica, podríamos hablar sobre un imperialismo periférico. Una definición interesante aunque choca cuando el análisis ha sido, mayormente y salvo contadas menciones, focalizado en las acciones de Roma. De hecho, el análisis sobre las acciones de las diferentes tribus o ciudades es escaso. Casos donde tiene gran importancia, como el papel que jugaron durante la Segunda Guerra Púnica, apenas tiene influencia. De hecho, los motivos de una expansión motivada por motivos personales de los comandantes en la zona encaja mucho mejor con una visión schumpeteriana que periférica.

Conviene resaltar que Richardson intenta periodizar la política romana en la zona. A grandes rasgos considera que existe una política agresiva desde la entrada en el 218 aC hasta las reformas que lleva a cabo Tiberio Graco. Esta es una figura clave en el libro pues a él atribuye la introducción de una serie de tributos y de regulaciones que fueron la base para las relaciones entre Roma y las diferentes tribus además de marcar un antes y después en la situación en Hispania. De hecho, la reducción de tropas y de conflictividad en la zona posterior es atribuida de forma directa a sus acciones. Es de destacar que las medidas de Graco son consideradas como Richardson como una medida personal, no una política por parte de Roma. Esto es interesante pues significa que no existe una voluntad expresa por parte del Senado de explotación y de control del territorio. Aunque las minas de Cartago Nova, como se resalta, proporcionaban riqueza no menos cierto era que habían muchas más zonas con posibilidades de ser explotadas. Por esta razón, esta obra se desmarca de las tesis que sostenían que los romanos habían buscado una explotación consciente y deliberada de la zona. De hecho, este análisis de los diferentes períodos de la expansión romana es el principal objetivo del libro y el que mejor explicado y argumentado está.

De este modo, el libro queda desestructurado. Por un lado, cuenta con un buen estudio sobre la periodización de la conquista romana de la Península Ibérica. Por el otro, apenas hay un intento de esbozar la relación, compleja y complicada, que se estableció entre romanos e indígenas. Esto, especialmente por el primer punto que hemos comentado, resulta especialmente problemático lo que, a nuestro modo de ver, resta muchos puntos al libro.

Written by pauvm

19/12/2011 at 19:29

¡Ay de los Vencidos!

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ROSENSTEIN, N. S., 1990, Imperatores Victi. Military Defeat and Aristocratic Competition in the Middle and Late Republic, University of California Press, Berkeley and Los Angeles.

En los últimos años se ha puesto mucho énfasis en la importancia que tenía la victoria militar dentro de la sociedad romana. Ésta era el objetivo último en una feroz lucha interna de la aristocracia por conseguir los beneficios que venían derivados de ella. Por un lado, estaba la ingente cantidad de botín que se podía obtener. Por el otro, el prestigio asociado a la victoria. Esto hacía que la victoria militar se convirtiera en el eje de la política exterior romana. Es decir, la aristocracia necesitaba guerras en donde conseguir honores para poder alcanzar las magistraturas de mayor prestigio. Esta idea, desarrollada y con ejemplos se puede encontrar en War and Imperialism in Republican Rome 327-70 BC (1979) de Harris.

Aunque siempre se han enfatizado las victorias, en la historia de Roma existen un buen número de derrotas. Lo que levantaba una duda al respecto: ¿qué sucedía con los vencidos? Esta es una pregunta con múltiples connotaciones. A fin de cuentas, una sociedad donde el éxito militar es la base de todo ser derrotado debía de comportar una serie de consecuencias a nivel de prestigio y de poder muy importantes. Paradójicamente, no existía un trabajo sobre este tema hasta la aparición del libro que hoy comentamos.

La base sobre la que empezaba su análisis Rosenstein era el tratar de ver qué sucedía con aquellos generales que habían sido derrotados. Lo importante era ver hasta qué punto repercutía sobre su trayectoria política su derrota. Este es un punto de suma importancia. Un sistema en donde el éxito militar lo es todo acaba, con el tiempo, generando una segregación entre aquellos que son buenos generales y malos. Los primeros tienden a acumular los honores políticos y los segundos no pueden acceder a ellos. A fin de cuentas, ¿quién querría servir en una guerra bajo las órdenes de alguien que tiene fama de mal general? Por supuesto, una dinámica así acabaría, con el tiempo, desembocando en una conflictividad interna. Por eso, no solo había que encontrar como repercutía la derrota sino que mecanismos había para evitar esta ruptura del equilibrio dentro de la aristocracia.

Con ese fin, Rosenstein examinaba las principales causas de derrota que solían encontrar en las fuentes: castigo divino, indisciplina y mal comportamiento de los generales. Sin embargo, antes realizaba un análisis sobre la influencia que tenía la derrota en la carrera política de los aristócratas romanos. Las conclusiones eran, cuanto menos, sorprendentes. Exceptuando casos puntuales y, como se puede ver más tarde excepcionales, en la mayoría de los casos no repercutía de forma directa. Generales que habían sufrido grandes derrotas conseguían alcanzar el consulado e incluso llegaban a ser Censores. Aún es más, si se podía suponer que conseguían eso después de un largo período de tiempo tampoco era así. Algunos incluso dos años después conseguían el acceso a las más altas magistraturas. Tampoco impedía eso que repitieran al frente de un ejército o que sus descendientes consiguieran alcanzar los mismos honores que ellos. No parecía existir una repercusión directa sobre su carrera por las derrotas militares. Ante este hecho, se hacía más importante aún analizar los mecanismos que mantenían el equilibrio.

Los prodigios y las explicaciones divinas se suelen suceder en las fuentes después que un ejército haya sido derrotado. Éstas se convierten en el modo de explicar el porqué de la derrota. Sin embargo, las evidencias ponen de manifiesto que la religión tiene un papel clave dentro de la ideología romana. La benevolencia de los dioses es un elemento central dentro de la ideología sobre el éxito militar de la República. Aún así, conviene resaltar que dentro de la relación entre dioses y mortales, desde la óptica romana, ya da pie a una propia interpretación que esa harmonía que proporciona la victoria se pueda romper. Es parte del sistema y, también, es parte de la habilidad del general de llevar a cabo las acciones con la mayor corrección. De hecho, aquí, junto con el siguiente punto, el concepto básico es el rigor y la disciplina con la que se lleva a cabo la tarea. Por eso, el factor divino se busca después de una derrota como la explicación nunca en el momento en que se puedan dar incorrecciones o deslices pues estos pueden, dependiendo de las acciones de los generales, superarse o ignorarse.

La disciplina de las tropas era otro elemento importante. El modo en cómo se comportaban las legiones podía explicar una derrota. No nos debe extrañar los fuertes castigos que existen para los soldados que no mostrasen una conducta acorde a lo que se suponía que tenían que llevar a cabo. Tampoco es extraño encontrar que las legiones que se salvaron en Cannas fueron obligadas a servir fuera de Italia hasta el fin de la guerra. Son detalles que ponían de relevancia la importancia que tenía que los soldados actuasen como se les exigía. Un ejército con mala disciplina o mal entrenado podía explicar una derrota.

Ahora bien, en los dos factores que hemos reseñado, hay un factor que los une y condiciona: el papel del general. En el primero, no era hasta la derrota que no se consideraba que algo hubiese ido mal. En el segundo todos eran factores que, en última instancia, dependencia de la capacidad del general de imponer la disciplina. Es por esta razón que el factor que Rosenstein encontraba clave para entender el porqué algunos generales eran juzgados o no estribaba en el comportamiento que éstos adoptaban. Es decir, la clave era si éste se había comportado como se suponía a un hombre de su rango durante la batalla. Si había sido el primero en huir, entonces la culpa de la derrota se le atribuía a él. Si, por el contrario, había llevado a cabo todas las medidas posibles y había actuado con la dignidad que le correspondía a su cargo entonces quedaba libre de culpa.

Este es un factor muy importante pues explicaba los sacrificios y las muertes de los generales en batalla y sus decisiones de arriesgarse en ellas. También ponía de manifiesto como una muerte heroica proporcionaba a la gens gloria y, por lo tanto, eximía de cualquier imputación de conducta no valerosa. El modo en cómo se comportaba un general marcaba que, incluso en la derrota, consiguiera reconocimiento y respeto por sus acciones.

En definitiva, la idea que se puede extraer de este libro es que hay que poner un freno a la importancia que se le ha concedido al triunfo como la “llave del paraíso” a nivel político. De hecho, habría que replantear toda la concepción que la aristocracia depende del éxito militar para su ascenso social. Esto no significa que se tenga que negar su importancia y papel clave como impulso pero hay que reducir la visión simplista que se ha tendido a adoptar. Hay que considerar muchos más aspectos dentro de la sociedad romana como claves para el éxito social y, por lo tanto, no reducirlo todo a una expansión y a la búsqueda de campañas militares en el exterior. De hecho, es cuanto menos ilustrativo las comparaciones que se tienen con otras ciudades respecto a lo que sucedía con sus generales derrotados: los púnicos, aunque aquí las fuentes pueden exagerar, crucificaban a sus generales; los atenienses, los enviaban al exilio o eran juzgados.

En cualquier caso, esta es una de las lecturas recomendadas para todos aquellos que quieran conocer el funcionamiento interno de la sociedad romana y cómo se estructuraba la competencia entre los diferentes aristócratas por las magistraturas.

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06/12/2011 at 20:49

Historia de Roma de Mommsen

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MOMMSEN, T., 1876 (2005), Historia de Roma II, Grandes Obras de la Cultura, RBA editores

Decir Mommsen es, en esencia, decir Historia de Roma. El alemán ha dejado un legado enorme y su influencia se deja sentir en muchísimos ámbitos del mundo romano. Es difícil no encontrar algún tema o aspecto en que no haya dejado su huella. Precisamente, por esta razón, su lectura es obligatoria para todo aquél que quiera conocer la historiografía y el trato que se ha ido dando a Roma.

Como habréis visto, no hablo de la Historia de Roma, sino de historiografía. ¿Por qué? Por una razón muy simple, la obra de Mommsen, en muchísimos aspectos ha quedado desfasada y, en otros, tiene una serie de problemas o de visiones propias de su época pero que ya han sido superadas. Por esta razón, todos aquellos que quieran saber más sobre Roma deben evitar el libro si buscan en él una primera toma de contacto. Si por el contrario ya tienen conocimientos sobre el período es una lectura sumamente interesante. Pero, ¿cuáles son los problemas que tiene la obra de Mommsen?

El primero y el más evidente son ciertas concepciones y juicios propios del momento histórico en el que escribe. El caso más claro es el desprecio a lo oriental o los comentarios sobre la raza fenicia. Estos elementos se pueden observar en diversas ocasiones e ilustran a la perfección uno de los grandes cambios a nivel de mentalidad que se han dado desde entonces. Otro ejemplo se puede encontrar en la definición de la política romana, o cartaginesa, en torno a partidos. Algo que, más tarde, fue abandonado debido a que no se ajustaba a la realidad. Así, a la composición tan jerárquica y cerrada que hace el alemán en su obra choca con la visión que se tiene actualmente sobre los diferentes grupos de poder. Finalmente, conviene tener presente la concepción de “civilización” y “bárbaros” que existe en el momento en que se escribe la obra. Esto ha llevado a que en muchos aspectos se pueda apreciar una visión positiva de las acciones porque provocarán, a largo plazo, una integración de una zona en lo que el autor considera “civilización”.

El segundo punto es más extenso y abarca la totalidad de la obra. Mommsen es positivista. No existe una crítica de las fuentes. Es cierto que el autor elabora juicios sobre la conducta y el modo en cómo se desarrollan las acciones pero, en ningún momento, analiza el modo en cómo son caracterizados los personajes o sucesos de la obra. Como se ha puesto de relieve mucho más tarde, la obra de Polibio o Livio tienen una serie de concepciones, intenciones y objetivos que hacen que ciertos sucesos y personajes sean caracterizados de un modo específico. Buenos ejemplos de ello son la toma de Cartago Nova o el motín del campamento en el Sucro que son caracterizados para reforzar la imagen de Escipión.

Toda esta problemática hace que en muchos de sus juicios Mommsen tome la descripción que hacen las fuentes sin criticarla. De este modo, no debe resultar extraño que lamente y critique las acciones de los sectores más populares durante la Segunda Guerra Púnica o que convierta a la masa del pueblo en la fuente de crisis o elementos desestabilizadores a lo largo de su historia.

El tercer problema en la obra de Mommsen es la ausencia de la arqueología en sus análisis. Hay que matizar que en el momento en que se escribe esta obra no existe la disciplina como tal y predomina el estudio de las inscripciones. Sin embargo, su desarrollo posterior ha arrojado una visión mucho más compleja y a aportado muchos más datos que han hecho que, en muchos casos, las tesis que planteadas por el autor hayan quedado muy desfasadas.

En cuarto lugar, se podría ubicar el hecho que no cita muchos de los pasajes y críticas que realiza. Algo que influye poco para una lectura no académica pero que no deja de ser un problema. De este modo, cuesta mucho dilucidar qué apartados corresponden a juicios de otros autores, cuáles de los autores clásicos y cuáles son propios. Es un detalle menor para la mayoría de la gente pero tiene su importancia.

Por supuesto, todos estos problemas no hacen menos meritorio el análisis de Mommsen. Es, y será, un autor de referencia y el padre de la Historia romana. Ahora bien, por suerte o desgracia, en Historia se evoluciona en el modo en cómo se entienden los sucesos y hechos del pasado. Actualmente existen toda una serie de visiones, aportaciones y ciencias auxiliares que han hecho que la obra de Mommsen presente bastantes problemas.

Por estas razones, es una lectura que se debería de abordar con cuidado y con ciertos conocimientos sobre el mundo antiguo. No hacerlo, puede dejar impresiones y concepciones que, actualmente, han sido completamente descartadas o superadas.

Written by pauvm

30/10/2011 at 13:34

Publicado en Reseñas, Roma

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The Poison King por Adrienne Mayor

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MAYOR, A., 2010, The Poison King. The Life and Legend of Mithradates. Rome’s Deadliest Enemy, Princeton University Press, Princeton and Oxford.

Llevar a cabo una biografía de un personaje histórico es algo complejo. Uno de los mayores errores en los que se puede incurrir es en sentir cierta simpatía e incluso excusar muchos de sus actos. Una buena biografía es capaz de sobreponerse a éste problema. Una mala, queda lastrada de forma irreversible. Este es uno de esos casos.

La figura de Mithridates está llena de claroscuros. Desde su capacidad de reponerse y su fiereza en la lucha contra Roma pasando por sus asesinatos de rivales o el de los 80.000 itálicos y ciudadanos romanos en el año 88 aC. Todo esto debería servir para trazar una biografía en donde se ahondara en esta contraposición tan clara en el modo de actuar del soberano del Ponto. Sin embargo, encontramos una idealización de su figura continuada. Si bien es cierto que muchas de las anécdotas que nos relatan las fuentes romanas y griegas pueden estar distorsionadas, eso no implica que tengamos que dar por completo la vuelta a sus argumentaciones.

Este hecho se hace muy palpable conforme uno va leyendo la obra de Mayor en donde hay momentos en donde se llega al absurdo para querer justificar el genio político y militar de Mithridates. Un ejemplo es el reparto de territorios entre Nicomedes III y Mithridates. Cuando ambos se pelean y buscan en el Senado el apoyo para conseguir sus objetivos Mayor expone que los representantes del Ponto hablan de los vínculos con Aristonico del pretendiente de Nicomedia. Para Mayor eso supone un acierto pues asusta al Senado y, a la vez, galvaniza a los seguidores de Mithridates. Si la imagen del rebelde de Pérgamo tenía tanta prédica, razón de su uso por el rey del Ponto, resulta poco menos que extraño que use este argumento para desbancar a un pretendiente. Una cosa así debería de generar una reacción de rechazo por parte de los partidarios de Aristonico al ver como Mithridates se aliaba con el Senado para evitar que un descendiente de éste llegase al poder.

No es el único análisis que llama la atención. Roma es presentada en la mejor tradición schumpeteriana: la máquina de la guerra. Un “Lobo” (tal como la define la propia autora) que amenaza con acabar con todo. Por eso, cualquier amigo de Roma podía ser atacado en todo momento. De hecho, Gruen ya puso de manifiesto una visión muy diferente de la toma del testamento de Átalo III por parte de Aquilino. Incluso como llevó a cabo una labor de manutención de los caminos del reino y como el oro de esta zona tardó bastante en ingresar en Roma. Una visión que, por otro lado, no es discutida aquí a pesar de la imagen radicalmente diferente que encontramos en el libro.

De hecho, uno no deja de tener la sensación a lo largo del libro que hay un doble rasero enorme para medir ciertos aspectos del libro. Por ejemplo, que Nicomedes III haga que uno de sus hijos adopte el nombre del rey de Capadocia para engañar al Senado es comentado como una muestra de ingenio y habilidad. Sila expropia la mitad de las tierras de Tebas, aliada con Mithridates, y la cede a los templos que había saqueado para que recuperen sus riquezas y es llamado cínico. Este es un ejemplo simple, pero hay muchos más. La expansión del Ponto nunca recibe el adjetivo de imperialista, cuando la propia autora se deshace en elogios a su extensión, de hecho es poco menos que una misión civilizadora o libertadora. Llama la atención que recalque tanto las riquezas que estas tierras proporcionan al tesoro real pero nunca se hable de la explotación y voracidad por parte de Mithridates. Todo lo contrario que con el caso romano.

Este doble rasero se hace aún más palpable cuando encontramos que las razones que se arguyen para la matanza de los itálicos son de corte político y ese mismo análisis se deja pasar con el caso de las acciones de Aquilino. También se puede ver en el trato que recibe el ejército de Mithridates en Grecia, llamado ejército de liberación en numerosas ocasiones. En la misma línea se puede hablar de las deportaciones masivas que lleva a cabo Tigranes, aliado de Mithridates. Podríamos añadir la política con Chios del rey del Ponto como otro ejemplo de esta disparidad de análisis.

Aún peor resulta ver como se afirma la devoción y la pasión que se siente en Anatolia por la figura del rey del Ponto y vemos como rápidamente sufre deserciones o como después de sus acciones en Chios no hay una explicación clara. Muchas de las tramas de conspiración no son suficientemente explicadas. ¿Cómo entendemos que los gálatas se rebelan cuando hacía unas pocas páginas hablaba de la pasión por el rey de éstos?

También habría que analizar la poca crítica que hay de las cifras de los ejércitos del Ponto y de Armenia en éste conflicto. Un análisis detallado debería de poner de manifiesto lo exageradas de las cifras y, si se aceptan, lo gravoso que sería para las poblaciones cercanas su paso por la zona. Estos aspectos, de nuevo, nos permitirían una visión mucho más ajustada a la realidad que debió ser el conflicto: dos potencias disputándose la hegemonía regional del Asia Menor. Cada uno empleando sus medios y sus capacidades para conseguir sus objetivos. No hay más. Intentar vestir a un rey como Mithridates como libertador y amante de la democracia y la libertad personal resulta cuando menos curioso viendo el tratamiento que dio a sus hermanas encerrándolas y obligándolas a vivir como vírgenes toda su vida.

Por estos aspectos que hemos apuntado consideramos que esta es una visión muy sesgada y, sobre todo, poco incisiva en esos puntos en donde se decide dar una imagen tan favorable sobre las acciones del rey del Ponto. En lugar de eso, nos encontramos con una narración que parece más encaminada a glorificar al rey mientras se denigra a Roma que a un análisis serio y complejo de un momento histórico de gran complejidad.

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28/10/2011 at 8:56

Empires por Doyle

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Imperialism is not a word for scholars.

Lord Hailey, 1940

DOYLE, M.W., 1986, Empires, Cornell University Press, Ithaca and London

Si hay una palabra que en la actualidad tiene “mala fama” es imperio y sus derivados. De todos ellos, el que se lleva su peor parte es “imperialismo”. A pesar de tener esta fama, son dos palabras que están en boca de todo el mundo. Cada año hay nuevos libros que exploran esos aspectos en las relaciones internacionales. Incluso, dentro de los Estados Unidos, existe un fuerte debate sobre qué papel deben asumir respecto a la idea del Imperio Estadounidense.

A pesar de todo esto, apenas ha habido estudios sobre los imperios. Cuando se editó este libro Doyle se lamentaba que apenas se había explorado estos temas en la actualidad y que las aproximaciones que se habían llevado a él habían sido muy parciales. De hecho, identificaba tres aproximaciones, a sus ojos insuficientes, a los conceptos de imperio e imperialismos.

Partiendo de esta idea, Doyle plantea un libro estructurado en 3 grandes bloques temáticos: uno centrado en la problemática de la terminología en donde define Imperio y la problemática del concepto Imperialismo. Este bloque se corresponde con el Capitulo Imperialism and Empire. Un Segundo apartado se centra en el análisis de Imperios pasados como son Atenas y Esparta, Roma, España, etc. La tercera parte se corresponde al análisis del imperialismo europeo en África.

Esta estructura nos deja una obra muy descompensada. El primer bloque temático nos presenta un preciso examen sobre los términos básicos del tema y su problemática. La contraposición entre las diferentes visiones y sus enfoques hacen de este el capítulo más interesante del libro. El segundo apartado es muy flojo. Exceptuando el capitulo centrado en Atenas y Esparta, los demás presentan serios problemas en cuanto a las interpretaciones que lleva a cabo debido a la dudosa base histórica de muchas ideas o conceptos que plasma. El caso de España es muy claro pero también para el caso romano. En el tercer apartado, el de mayor extensión del libro, es el otro punto fuerte del libro, centrándose en analizar los tres tipos de imperialismos para el período y la problemática específica de cada zona.

La recepción que tuvo el libro de Doyle fue dispar. Aunque algunos autores comentaron sus aciertos otros fueron muy críticos Rogowski en The American Political Science Review. Personalmente considero que el primer apartado es el más completo y que mayor uso puede tener tanto para la gente interesada en relaciones internacionales como para historiadores. El principal problema que veo en la obra es su análisis histórico. Dado que no me quiero extender, pondremos el ejemplo del análisis que hace de Roma y del Imperio Español como ejemplos de la problemática que presenta el libro.

En el caso de Roma hay que tener muy presente la influencia de la visión sobre la expansión romana de Badian. Especialmente notorio cuando nos habla de la diferencia de la política romana para el caso de Oriente y el de Occidente. Más allá de eso, la explicación de la expansión romana es simple y tiene diversos problemas en aspectos como hablar de los sirios para referirse al imperio Seleucida. Tampoco es capaz de analizar las diferentes fases que existen en ese período. Si es capaz de definir dos políticas globales diferenciadas, debería de haber un análisis del porqué del paso de una política hegemónica a una política de conquista directa o el porqué de la resistencia romana a intervenir en una zona y someterla. Aspectos que, a nuestro modo de ver, son básicos para interpretar correctamente un imperio al que le da una política bipolar. Este diferencia es especialmente importante por la relevancia que tiene un correcto análisis de estos cambios políticos y el modo en cómo pueden ser interpretados. El artículo de Gallagher y Robinson sobre el Imperialismo inglés es una excelente muestra, citada con profusión pro Doyle, sobre la importancia de analizar correctamente las diferentes etapas de la expansión de un poder.

Para el caso de España falla en muchos aspectos de base. En primer lugar, la iniciativa privada que ve en las acciones de la conquista de América depende de la sanción de la Corona. Tampoco es aplicable un concepto como “gentry” dentro de la política de la Corona de Castilla del momento. De hecho, la concepción de España como reino unido es cuanto menos discutible. En el siglo XVII el Conde Duque Olivares hablaría a Felipe IV de la necesidad de “unir las Españas” ante la problemática que suponía gobernar los diferentes concejos. Es decir, nos encontramos ante un caso en donde la metrópolis no está bien integrada ni cuenta con una adecuada cohesión. Un hecho que tiene gran peso en el análisis dentro del libro.

Otro aspecto es el tema económico. El caso del Imperio Español es especialmente dramático porque no se hace ninguna mención a las suspensiones de pagos, crisis económicas ni demás problemas internos que sufrió casi desde sus inicios. Esto es algo especialmente importante si se tiene presente que Doyle considera que eran los demás reinos los que tenían una cierta dependencia de las importaciones procedentes de las colonias. Finalmente, no incide en el enorme peso que tuvieron los banqueros dentro de la economía española y que fueron los que financiaron y arruinaron la economía de Castilla.

El otro gran problema es el modo de aproximación que ha escogido para tratar los diferentes tipos de imperialismos. Mientras que para la expansión europea en África lo abarca analizando los tres tipos de imperialismos (de metrópolis, periférico y sistémico) y los diferentes actores. Esto permite un análisis mucho más profundo y completo que el que lleva a cabo en los demás imperios. Esto explica, por un lado, la enorme extensión de éste capítulo y, por el otro, la pobreza del análisis de los imperios anterior.

Como se puede ver, es un libro con fuertes altibajos y considerables problemas en una parte importante de los datos que nos presenta. Esta irregularidad es la que lo condena a ser un libro aprovechable, especialmente por la primera y tercera parte, más que como un análisis para los imperios de antes del siglo XIX.

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06/10/2011 at 20:25

Kenneth Waltz, 2008, Realism and International Politics, Routledge, New York and London.

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Kenneth Waltz, 2008, Realism and International Politics, Routledge, New York and London.


El libro ante el que nos encontramos se podría considerar como una visión transversal de la obra del autor pues es una recopilación de algunos de sus de artículos y opiniones. Éstos están divididos en cuatro grandes bloques temáticos: el primero sobre teoría, el segundo sobre análisis de diversos aspectos de la teoría realista, el tercero centrado más en el papel de la bomba atómica en las relaciones internacional y, el cuarto y último, en aspectos de política internacional.

Quizá, justo después de dar una visión general sobre la estructura de la obra, el siguiente elemento ineludible de comentar sea que este es un libro para la gente que ya conoce la obra de Waltz y parte de la teoría realista y sus variantes. Sin ese conocimiento de base, es muy confuso seguir el hilo del libro o entender muchos aspectos de crítica o de definición.

Si, por el contrario, se cuenta con una base sobre las teorías realistas creo que este libro es muy interesante. Ofrece una visión que abarca temas dispares y, lo más importante, escritos en momentos dispares y con contextos muy específicos. Eso hace que, es cierto, se repitan ciertos conceptos (especialmente cuando se tratan aspectos de índole nuclear) pero que ofrezca una visión más enriquecedora.

De los temas que trata en el libro a mi modo de ver hay dos temas especialmente interesantes: la estabilidad de un mundo bipolar respecto a uno multipolar y el papel que tienen las bombas nucleares como elemento de contención en la política internacional. De hecho, los dos van muy unidos en el hilo de argumentación pero tienen importantes diferencias. También, ambos aspectos, como se puede ver en el libro, han sido discutidos en numerosas ocasiones.

A los ojos de Waltz, un sistema de relaciones bipolar es más estable, en esencia, debido a que hay menos competidores. A más competidores, los movimientos que éstos pueden realizar son mucho menores y los riesgos mucho más altos. Conforme decrecen los rivales, más estabilidad y más capacidad de maniobrar se tiene por parte de cada estado. Esta reducción también lleva a una reformulación de conceptos como periferia. Todos estos aspectos llevan a que las relaciones entre los dos actores principales estén muy condicionadas y sean, en cierta forma, mejor entendidas y conocidas. Algo qué, dentro de un marco con más rivales en igualdad de condiciones, se perdía.

Para el caso de los Estados Unidos y la URSS durante la etapa de la Guerra Fría Waltz enlaza a la estabilidad del sistema bipolar el papel que juegan las bombas nucleares en las relaciones internacionales. Para él, parte de la estabilidad que ha existido en este período entre las grandes potencias solo se puede explicar por la importancia que tiene como factor de contención y “miedo” a una guerra a gran escala. De este modo, la idea que el aumento de la intensidad de las hostilidades podría llevar, de forma inevitable, a una destrucción mayor es lo que provoca una contención y análisis cuidadoso de las acciones. Antes, las políticas de contención siempre estaban sujetas a la interpretación que hacían los demás actores. Así, esa percepción podía ser errónea y, por lo tanto, hacer que se llevase a cabo una guerra en base a esas ideas. Esta dicotomía entre percepción y realidad tiene especial importancia pues en el caso de la bomba nuclear una sola cabeza ya significa un elemento de contención superior a cualquier otro medio. Ante este miedo, la intensidad de la guerra y el grado de involucración por parte de los principales actores son medidos con mucho cuidado.

Así, para Waltz, el mundo de la Guerra Fría es mucho más estable que lo previos debido a su estructura bipolar y a la existencia de la amenaza nuclear como un elemento de contención real y percibida por todos los demás actores del marco internacional como tal. Finalmente, casi como un apéndice a estos dos ejes, habría que colocar su crítica a la idea, fuertemente extendida, que las democracias no libran guerras entre ellas. Waltz crítica, por un lado, que no se tengan en cuenta los factores estructurales que condicionan el período de este análisis (posición de las democracias a nivel de poder, el modo en cómo lo ejercen, etc.).

Como conclusión podríamos decir que la visión que tiene Waltz de las relaciones internacionales es pesimista. Mucho. Aunque, a mi modo de ver, no deja por ello de ser menos cercana a la realidad. Tomando como punto de partida muchas de las bases que recalca a lo largo de su obra es como mejor se puede comprender muchos de los aspectos de la política internacional.

Written by pauvm

27/09/2011 at 15:01