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Campesinos, los Gracos y las consecuencias de la expansión romana

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ROSENSTEIN, N., 2004, Rome at War. Farms, Families, and Death in the Middle Republic, The University of North Carolina Press, Chapel Hill and London.

La evolución del campesinado romano durante la República es uno de los elementos claves para entender la historia de Roma. Especialmente después de la Segunda Guerra Púnica. Las implicaciones de ésta y como afectó al campo itálico han generado una visión que ha tenido una fuerte influencia en las interpretaciones políticas y económicas de la fase final de la República. A continuación, resumiremos algunos de los principales puntos de esta tesis y sus implicaciones.

La presencia de Aníbal en la Península Itálica arruinó a la mayor parte del campesino itálico que se refugió en Roma. Provocando su crecimiento y, a su vez, generando una población “parasitaria” que dependía de numerosas exportaciones de trigo de fuera. Finalmente, una buena parte de estos formarían parte de los ejércitos de la Tardo-República, dependientes de las recompensas y concesiones de tierras que sus generales podían hacerles. No fue el único elemento que arruinó al campesinado. Las largas campañas en el exterior habrían provocado que muchos de los soldados no pudiesen sembrar y, por lo tanto, habrían caído en la ruina.

Esto se habría unido a la creciente importación de esclavos debido a las numerosas conquistas. Éstos reemplazarían a los pequeños propietarios con la aparición de los grandes latifundios esclavistas. Éstos, en manos de los ricos, crecerían a expensas de los pequeños agricultores que, o bien no regresarían al morir en las guerras, o, al volver, verían su campo arruinado al no haberlo podido cultivar.

Todos estos elementos dejaron una serie de consecuencias a nivel político de primera magnitud. La más conocida es la de los Gracos que, viendo un campo abandonado, intentaron conseguir la repartición del Ager Publicus para conseguir que Italia no se quedase sin soldados.

No es la única conclusión y nota de cambio social que se ha derivado de esta premisa. Por ejemplo, el aumento de autonomía y de independencia de la mujer se ha asociado a éstas conquistas en donde los hombres y padres estarían alejados de casa o morirían legándoles a ellas muchos de sus bienes.

En cierta forma, no deja de ser una excelsa paradoja moral todo el proceso que sigue a la expansión romana: la ambición de conquista arruinó a los soldados que la hacían factible y creó el problema que provocaría la ruina de la República. Esta visión, propuesta por Toynbee y ampliada por Brunt ha seguido hasta la actualidad con una enorme vigencia. No ha sido hasta la aparición del libro de Rosenstein que nos hemos encontrado con una interpretación diferente de la problemática sobre la reforma de los Gracos.

Rosenstein aborda un estudio desde diferentes ópticas. En primer lugar considera hasta qué punto repercutía sobre los soldados su ausencia en tiempos de siembre. En segundo lugar, analizaba los hábitos culturales de las familias de campesinos como pueden ser la edad de casamiento, la edad de reclutamiento, las necesidades en cuanto a aportaciones calóricas de una familia y su capacidad de trabajo. En tercer lugar, analizaba la problemática de las muertes de los soldados en batalla. En el cuarto capítulo, sintetizaba las evidencias encontradas y planteaba una nueva visión sobre la problemática de los Gracos.

Sus conclusiones son sorprendentes: los Gracos se equivocaron. El problema de Roma era una sobrepoblación y una falta de tierra producida por dinámicas demográficas internas. En cierta forma, exoneraba a la aristocracia de haber arruinado al campesinado con sus campañas en el exterior. No es el único lugar en donde plantea una nueva visión. Por ejemplo, considera que el papel de los esclavos ha sido muy exagerado pues, para alcanzar algunas de las cifras propuestas, habría significado que Roma tendría que capturar más esclavos de los que ya tenía solo para conseguir que éstos mantuvieran su número.

Quizá el punto más interesante es que resalta el delicado equilibrio entre las dinámicas internas de las familias de campesinos y el sistema de reclutamiento. De este modo, los hombres se casaban, mayormente, a los treinta años. Lo que coincidía con la fecha en que solían dejar de servir en el ejército. Esto significaba que cuando eran reclutados era el momento en que su familia menos dependía de ellos (siempre en un caso normal). Eso hacía que su ausencia tuviese un impacto menor. Este equilibrio garantizaba una capacidad de reclutamiento continuado y tenía poco impacto dentro de la sociedad. Es interesante este elemento pues significa que cuando un soldado volvía del ejército aún se tenía que casar.

Otro elemento de gran importancia es la idea que hasta la Guerra Anibálica los soldados recibían un permiso para atender sus cosechas. La distancia y la dureza de las guerras posteriores acabarían con esta práctica y provocarían una crisis. Como muy bien resaltado Rosenstein, la distancia ya era un factor importante en el siglo IV aC en la conquista de la Península Itálica. Tampoco, a nivel estratégico, tendría sentido el licenciamiento de las tropas durante el invierno cuando precisamente encontramos ejemplos que nos indican la presencia de tropas en activo incluso en el siglo IV aC. Estos factores llevan a considerar que este aspecto ha sido mal interpretado o, como muestra en el análisis de diversas evidencias usadas por otros autores, inventados. En esencia nos encontramos con un análisis, hasta el momento, en donde no existía una consideración sobre lo que significaba logísticamente un ejército. No nos debe extrañar que se considerase que la capacidad de desbandar y volver a unir ejércitos fuese algo viable al no tener presente el coste a nivel de equipo, manutención y, sobre todo, de importancia estratégica de unas medidas de este tipo. Por no hablar de las consideraciones a nivel de disciplina. Como indica Rosenstein, la siembra no era un momento fijo, podía variar y ¿qué soldado abandonaría a su familia cuando su supervivencia estaba en juego? Finalmente, una medida de este tipo permitiría una enorme ventaja al ejército rival.

En definitiva, el trabajo de Rosenstein, de nuevo como ya indicamos en otra reseña, aporta una visión tremendamente interesante y que, debería, hacer que muchas concepciones, visiones y modos de interpretar la guerra y sus consecuencias dentro del mundo romano fuesen revisados.

Written by pauvm

13/01/2012 at 9:34

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Creando la frontera en Roma

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Casi siempre, cuando se intenta evocar una imagen sobre la frontera romana, se suele recurrir al Muro de Adriano. Una enorme muralla, con múltiples fuertes y torres que vigilaban a las tribus de la zona. Es, en cierta forma, una imagen mítica. Otra imagen cliché se podría encontrar en el típico mapa sobre los avances romanos alrededor de los grandes ríos de la zona de Germania y la ubicación de los diferentes campamentos. En esencia, éstas son las dos imágenes más comunes y, algo que la mayoría de la gente olvida, más tardías sobre la frontera romana. Por esas fechas, ya hacía más de 300 años que Roma había tenido que gestionar y crear fronteras. Sin embargo, apenas hay estudios sobre lo que supuso la creación de la frontera en época republicana. Esto es debido a dos razones.

La primera de ellas es debido a la falta de evidencias materiales sobre la época republicana. De hecho, sirviendo como ejemplo, existen muchas sobre cómo iban armados los soldados romanos. Tampoco se conocen con detalle los campamentos de los ejércitos republicanos. De hecho, la mayoría de grandes batallas están por excavar aún hoy. Es decir, nos encontramos con un período en el que a nivel arqueológico apenas contamos con datos. En contraposición, podemos encontrar los grandes yacimientos del limes germano o del limes británico. Campamentos como Vindolanda han aporta ingentes cantidades de información que nos han permitido conocer detalles sobre la alimentación o la vida cotidiana de las tropas. No es el único ejemplo, los campamentos de diversas zonas del imperio han arrojado resultados similares.

Esta disparidad de evidencias se puede explicar debido a que en época imperial estamos hablando de campamentos estables y fijos. Algo que en época republicana es bastante más extraño. También conviene destacar que, al no conocer con detalle la panoplia de los legionarios romanos, cuesta diferenciar su presencia con las poblaciones nativas de zonas como Hispania. Por eso cuesta diferenciar, en las primeras épocas, lo que podría ser un ejército consular de una tropa indígena.

De este modo, las evidencias arqueológicas han permitido una mayor y mejor comprensión del fenómeno de la frontera en época imperial mientras que, para el caso republicano, no existe, ni mucho menos, una bibliografía ni evidencias comparables.

Esta disparidad en las evidencias se ha complementado con una tendencia a simplificar y reducir el período republicano en una especie de “máquina de guerra” insaciable y sin ningún propósito más allá que conseguir riquezas y honores para los generales. Conviene destacar que una concepción muy parecida es sostenida por numerosos expertos para época imperial. Sin embargo, también existe una fuerte corriente que cree en la existencia de una política y racionalización de la frontera. Para época republicana, no existe una visión de este tipo. La imagen predominante de la política republicana es la de una sociedad que busca la guerra de forma constante.

De este modo, si la mayoría de los autores no consideran que sea posible que exista una frontera, tampoco buscarán en el comportamiento de los generales una mentalidad “de frontera”. Aspecto especialmente importante si tenemos presentes los problemas a nivel arqueológico que hemos indicado anteriormente. Por esta razón, hoy queremos centrar esta entrada en dos libros que aportan una visión diferente sobre la política romano-republicana y cómo ésta forjó sus fronteras.

El primero de los libros es The Creation of the Roman Frontier  por Stephen L. Dyson. El segundo es Senate and General. Individual decision-making and Roman foreign relations 264-194 B.C. de Arthur M. Eckstein. El porqué hablamos del primer libro es bastante explicativo en su título. El segundo puede generar más dudas pero su foco de estudio se centra en la capacidad de decisión y los motivos que impulsan a los generales y cómo afecta eso a la política republicana. Dyson plantea una lectura más genérica y global sobre la creación de la frontera. Eckstein, analiza el porqué y el cómo de las decisiones diplomáticas de los generales y el impacto que éstas tuvieron. Ambos libros, aunque sea desde diferentes perspectivas, están profundamente vinculados entre sí y nos ofrecen una excelente panorámica sobre la creación de la frontera romana y los mecanismos con los que se llevó a cabo. Por esta razón, destacaremos algunos de los puntos más importantes o que conviene tener presentes de ambos libros.

Quizá el primer punto a considerar sean los límites cronológicos y geográficos que existen en ambos trabajos. Por un lado, Dyson se centra solo en la frontera occidental. La razón es que en el caso oriental nos encontramos con fronteras y elementos que condicionan las decisiones de Roma. Por el contrario, en el caso occidental, Dyson la ve como la auténtica expresión de una frontera “romana” ya que en ella hay una “libertad” para su desarrollo. Por el contrario, el libro de Eckstein abarca en un plano global pero, a nivel cronológico, es mucho más corto. Esto hace que tengamos dos visiones que, en gran medida, se complementan entre sí. Una aportando una visión global mientras que la otra aporta un espectro cronológico más amplio en el estudio de unas zonas determinadas.

Otro de los puntos importantes a resaltar es la coincidencia de ambos autores en el papel que tuvo el Senado en la zona de la Galia Cisalpina. Esto era debido al miedo y la cercanía de los galos respecto a Roma. Para ambos autores, el saqueo de Roma por Breno y las continuas luchas entre ambos rivales agudizaron un fuerte miedo en la sociedad como se puede atestiguar en números rituales y prácticas. Este hecho explicaría el control del Senado: un error podría significar que la presión gala afectase a Roma con mucha rapidez. Por esta razón, ambos autores también destacan que la política romana en la zona fue defensiva. En donde discrepan es en el momento que se da el cambio en ésta. Dyson sitúa el cambio de la actitud romana a partir de la toma de Mediolanum y la instalación de las colonias de Cremona y Plasencia en el 218 aC. Por el contrario, Eckstein ubica el cambio a partir del 197 aC. Personalmente consideramos que el análisis de Eckstein sobre las acciones romanas entre los años 218 al 197 aC muestra de forma clara la inexistencia de una política clara y, mucho menos, que pueda considerarse ésta como agresiva. De hecho, existen numerosos períodos de una relativa tranquilidad y poca actividad por parte de los ejércitos romanos. Lo que indudablemente choca con una visión sobre una política agresiva en la zona.

También es excepcional a los ojos de Dyson esta frontera debido al papel que juegan las colonias. El hecho que el Senado marque como límite de Italia hasta los Alpes hace que esta zona sea excepcional dentro de los planteamientos de Roma. Por un lado porque se lleva a cabo una política mucho mayor. Así encontramos controles sobre la inmigración de los galos y desplazamientos de poblaciones. Por otro lado, contamos con la instalación de colonias, un fenómeno mucho mayor que en otras provincias y que para Dyson es una muestra de la importancia que éstas tienen para la frontera gálica.

En segundo lugar, conviene destacar el papel que se adjudica a las figuras individuales dentro de la configuración de la frontera. Dyson recalca la importancia que los caudillos, líderes y reyes tienen dentro de la frontera romana. Éstos sirven, siendo aliados, como ojos y como “barreras” contra posibles peligros. También son una herramienta básica de control. No nos debe extrañar que en su libro considere que prohibiciones como la de comerciar con oro con los galos por parte del Senado se inscriben en una política clara de favorecer y evitar posibles causas de conflictividad social en las zonas de aliados o amigos de Roma. De hecho, Dyson considera que la expansión romana habría que ser considerada como un imperialismo periférico. Es decir, que las causas de la expansión habría que buscarla en las acciones de las tribus y elementos de frontera y el modo en cómo se entiende (sea bien o mal) desde la metrópolis.

La importancia que tienen las grandes figuras también es objeto de la preocupación de Eckstein. De hecho, tiene mucho más peso en la configuración de la frontera aunque en su caso hay que entenderla desde el protagonismo que concede a los generales romanos. La razón de este hecho se sustenta en dos ejes: la dificultad de contactar con el Senado en las provincias fuera de Italia y la necesidad de tomar decisiones inmediatas en determinadas situaciones. De este modo, la política y acuerdos de Roma con numerosas comunidades eran producto de las percepciones y conclusiones que extraía el general sobre el terreno. Excepto elementos puntuales (como el asentamiento de mercenarios en Morgantina) el Senado tenía cierto peso. Por lo demás, eran las decisiones del cónsul o pretor las que tenían un peso preferente. De hecho, la mayoría de los acuerdos son ratificados casi sin sufrir muchos cambios. Por esta razón, Eckstein cree que la figura de los generales es vital dentro de la formación de frontera romana. El mejor ejemplo se puede encontrar en Sicilia donde los acuerdos establecidos por los diferentes generales de la Primera Guerra Púnica condicionaron enormemente la actuación romana en la zona. Hasta el extremo que incluso en época de Cicerón muchos de esos acuerdos seguían vigentes.

Como punto final quizá convendría resaltar el peso que ambos trabajos dan a la transmisión de las relaciones y contactos entre los diferentes familiares de una gens. Dyson tiene una aproximación mucho más prosopográfica en su estudio, aunque reconoce los peligros que tiene este método. Eckstein la usa mucho menos aunque si que le da una especial relevancia dentro de la política romana en Hispania. De hecho, llega a afirmar que la presencia de Asdrúbal en la Península Ibérica durante la Segunda Guerra Púnica se debía más a su papel como “heredero” de las redes de contactos que a la efectividad de la política romana de bloqueo de los refuerzos a Aníbal. De hecho, afirma que era imposible que hubiesen conseguido bloquear el paso de efectivos. Algo que creemos que choca con su análisis sobre la batalla de Hibera a la que considera decisiva al evitar que Asdrúbal consiguiera llevar refuerzos a Aníbal.

En cualquier caso, ambas obras constituyen una buena aproximación a la problemática de la frontera en época republicana. Si bien es cierto que ambas no aportan una visión global de ésta también lo es su complementariedad. De este modo, vemos la toma de decisiones desde una doble perspectiva. Hay puntos, como el que hemos expuesto sobre la Galia Cisalpina, en donde hay una coincidencia notable (aunque con discrepancias en algunos puntos) y, a su vez, una cierta divergencia como puede ser en Hispania. En cualquier caso, dos lecturas recomendables para aquellos interesados en la Roma republicana.

Written by pauvm

28/12/2011 at 14:33

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2011 Conference of Army Historians: Una reseña

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Entre los días 25 y 28 de Julio tuvo lugar la 2011 Conference of Army Historians siendo su tema central el análisis de los ejércitos en conflictos de larga duración. Eso no impedía que en el congreso se desarrollaran diversas sesiones alejadas del hilo conductor. En esencia, fue una visión global sobre la historia militar con un fuerte énfasis, algo lógico por quién y dónde se organizaba este congreso, en la historia militar y el ejército en Estados Unidos.

Uno de los principales problemas que creo que tiene la profesión del historiador militar es que su campo de estudio está muy fragmentado. Es un detalle, cuanto menos, sorprendente y que no deja de ser problemático. Por un lado, hay la historia militar en el sentido más práctico y utilitario. Por el otro, está la que se realiza desde las instituciones académicas estando más alejada de esta función y, finalmente, nos encontraríamos con la arqueología. Todos estos elementos en muchas ocasiones parecen ir los unos separados de los otros. Algo que complica mucho más la tarea del historiador (en sentido global). Un buen ejemplo de esto creo que se pudo constatar en este congreso donde la arqueología apenas tuvo un papel importante, a pesar de existir una gran variedad de ponencias que analizaban conflictos o batallas.

Por otro lado, la historia militar es un campo que ha tenido poca incidencia o poco prestigio dentro de la profesión de investigador. Hasta hace poco, y aún hoy, es considerada como una disciplina menor. En cualquier caso, es evidente que es una corriente que cada vez más tiene personas trabajando en ella. Por un lado, la proliferación de congresos que abarcan esta temática es cada vez mayor. Por el otro, el interés que despierta en mucha gente se puede comprobar en el éxito de muchas publicaciones de este estilo. Este “auge” también se pudo constatar en la presencia de un gran número de ponencias que hizo que tuviesen que haber diversas sesiones paralelas. Conviene resaltar la buena organización del congreso pudiendo haber en la mayoría de las sesiones tiempo para debates y preguntas. Un hecho que, cualquiera que haya asistido a un congreso, sabrá que no siempre suele darse.

Una de las sensaciones que tuve al final del congreso es que hay una serie de instituciones y de grupos que tienen muy claro qué hay que hacer para el desarrollo de la historia militar y cómo hacerlo en el ámbito estadounidense Lo cierto es que las cifras que manejaban en términos de visitas a la web del Center of Military History eran realmente altas: un millón mensuales. Una cantidad nada despreciable teniendo en cuenta el tipo de página. También me sorprendió el análisis de las herramientas necesarias para una mayor difusión y cómo emplear las nuevas tecnologías como pueden ser los ebooks, facebook o Twitter. También hubo diversas ponencias sobre los objetivos y planes de la organización y, en general, de los diferentes grupos o entidades que se dedican a la historia. Dado mi desconocimiento de éstos no puedo hacer un análisis más detallado sobre la problemática o la visión que se planteó en el congreso.

Quizá uno de los elementos que más me sorprendió fue el papel que juegan los museos dentro del ejército. Si bien es cierto que muchos de los aspectos de ofrecer la historia o detalles sobre el regimiento o cuerpo que cubren eran cosas esperadas, no es menos cierto que la función práctica y de base de datos constante que tenían para el ejército no deja de ser una sorpresa. Por definición, uno tiende a pensar en los museos de historia en muchos aspectos pero no en el de un campo de información y datos sobre prácticas para la actualidad. También resulta, cuanto menos curioso, el hecho que el ejército estadounidense tenga que volver a usar mulas en Afganistán y cómo, con el fin de saber cómo tratar a los animales, acudieron a un museo para recabar la información necesaria.

En la misma línea del uso práctico de la historia militar estuvo centrada la sesión que tenía como temática la enseñanza de la historia militar. Las ponencias presentadas me parecieron especialmente interesantes. En primer lugar, porque todas las ponencias resultaron estar centradas en logística. En segundo lugar, porque exponían cómo se organizaban y estructuraban una serie de cursos de formación para militares alrededor de recorrer campos de batalla y campañas. La explicación sobre los elementos que se resaltaban, el modo en cómo se enfocaba el curso y las tareas y trabajos que se planteaban eran realmente interesantes. Especialmente porque explicar sobre el terreno una batalla o una campaña no es fácil y si, encima, hay que centrarse en su vertiente logística la cosa aún es más complicada. Quizá encontré a faltar una visión más didáctica y cómo explicar esta problemática a un público no profesional o sin la formación adecuada pero, dejando de lado este deseo más que crítica, una sesión realmente muy interesante.

Otro de los elementos que resultó más interesante fue el centrado en los historiadores sobre el terreno. Es decir, la faena de recopilar material sobre las operaciones militares que lleva a cabo el ejército estadounidense. No deja de sorprender la ingente cantidad de datos que se recopilan al cabo de un año. Sin embargo, no deja de ser un problema si no son correctamente clasificados. Un detalle que se hizo mención durante el congreso en diversas ocasiones. En cualquier caso, es una tarea realmente monumental en ambos sentidos, el de recopilar toda esa información y después el de procesarla y organizarla. No nos debe de extrañar que estos dos fuesen los ejes de la charla centrada en el trabajo del historiador de campo.

Por razones evidentes tengo que reseñar la sesión centrada en Historia de Roma. Creo que lo que podía parecer un hándicap a priori, la evidente separación cronológica entre las tres ponencias, no fue tan evidente. Bien es cierto que la caída del Imperio romano es algo que fascina a la mayoría de la gente y, esto es una especulación mía, especialmente en Estados Unidos. La pregunta de un asistente sobre las lecciones que se pueden derivar de la historia de Roma es un buen indicativo de esa sensación de “aprender lo que sucedió para no repetirlo”. Creo que fue una sesión que ofreció una enorme variedad de perspectivas sobre una problemática más global dentro del mundo romano: el mantenimiento del ejército.

En líneas generales debo decir que fue un congreso muy interesante pues planteó una visión y toda una serie de prácticas que hasta el momento no había considerado ni conocía que existían. Lo cual, en el fondo, sigue siendo algo muy positivo por lo que significa para una disciplina, la historia militar, que teóricamente está anclada en el pasado y es incapaz de evolucionar.

Written by pauvm

04/08/2011 at 19:47

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Roma nunca fue de mármol

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En cuanto a la Sibila de Cumas, la he visto con mis propios ojos colgada en una botella, y cuando los niños le preguntaban: “Sibila, ¿qué quieres?”, ella les contestaba: “¡Quiero morir!”.

(El Satiricón, 48,  8)

Cuenta Suetonio que uno de los logros de Augusto fue reconstruir una gran parte de la ciudad de Roma. Donde antes había edificios de barro y madera él los reemplazó por mármol. Aunque todo el mundo sabe que era una exageración no deja de haber quedado un cierto ideal de “gloria” en la forma en cómo se refleja la ciudad. Por un lado, están la mayoría de los autores clásicos que, por su procedencia social, ofrecen un retrato muy concreto y específico de lo que sería Roma. Sus relatos están plagados de grandes decisiones, lugares de gran significación y una visión de la ciudad en donde apenas aparece la mayoría de la población, es decir, los que son meros ciudadanos y no pertenecen un ordo elevado. A este hecho, ha ayudado, dentro del imaginario social, la idealización que se ha hecho, en muchos aspectos, de Roma y de Grecia. De hecho, la mayoría de películas o productos mass media han reforzado esta imagen.

Sin embargo, tampoco deja de ser menos cierto que Roma no era así. Todo el mundo lo sabe pero no es lo que se suele encontrar de la ciudad. Por suerte, hay una serie de autores que nos muestran una imagen mucho cercana a la realidad de la vida en la Ciudad Eterna para la mayoría de su población. Estos autores son Plauto, Persio, Juvenal y Petronio. Conviene hacer una pequeña aclaración previa sobre ellos. Excepto Plauto que es de época republicana, todos los demás son autores de época imperial aunque no son contemporáneos los unos de los otros pero sí que están más o menos cercanos. Esta divergencia cronológica es especialmente interesante porque muchos de los temas tratados por los autores son muy parecidos. Es decir, aspectos como la dependencia del patrón o las quejas sobre la moralidad o los cazadores de testamentos serán comunes y objeto de burla por parte de los diferentes autores. También, todos, excepto Plauto, usan la sátira, en latín satura, para expresar sus puntos de vista. Eso significa que hay una composición y una semejanza en el modo en cómo son expresadas las quejas sobre Roma. Plauto, por el contrario, usa el teatro, adaptando a los gustos romanos. Eso hace que reproduzca temas y conceptos griegos pero que sean adaptados a la realidad de su momento. De hecho, no es ninguna sorpresa ni nada fuera de lo común pues él mismo al inicio de las obras explica de qué pieza griega adapta.

Entonces, ¿qué une a todos estos autores? Pues que todos ellos nos proporcionan una imagen menos luminosa y más cotidiana. Y es una imagen de polvo, barro, miseria, corrupción y, en esencia, el retrato de la sociedad que solo busca sobrevivir y conseguir comer cada día.

Voy con las piernas perdidas de barro, todos son pisotones de unas plantas enormes; un clave de soldado me ha herido un dedo.

(Juvenal, III, 245)

Y el relato que emerge de todos estos autores no es para nada halagüeño. Si para muchos autores clásicos Roma significaba cultura, saber, orden y leyes lo que uno se encuentra en la imagen que nos ofrece estas obras es todo lo contrario. La mayoría de la gente de la época la cultura simplemente la usa como una forma de ostentar y porque es lo que toca hacer. Así, vemos como los clientes que aspiran a escribir algo tienen que encontrarse con que su patrón no les da apoyo o que, cuando lo hace, es en unas condiciones deplorables y que está más preocupado de conseguir que le aplaudan a él que a la obra en sí misma. Esta manía por mostrarse culto porque sí queda ejemplificada en Trimalción que intenta hacer gala de su cultura pero que es incapaz de recordar o explicar ninguno de los mitos de forma correcta. De hecho, la imagen que emerge es que la cultura para la mayoría de los ricos, que son los que pueden propagarla y estudiarla, importa poco. Están más preocupados de hacer ostentación de su riqueza por medio de gastos absurdos y absolutamente delirantes.

De hecho, la ostentación es un elemento de peso en el retrato de los ricos y poderosos. De nuevo la imagen ideal vuelve a ser la de Trimalción pero no es la única. Juvenal cuando describe la vida de los clientes carga las tintas contra los lujos innecesarios de los patrones en contraste con el trato pobre e indigno que éstos reciben. De este modo, es más importante gastar en cualquier adorno que cumplir con nobleza con los deberes que se han contraído respecto a los clientes. Una clara contraposición respecto al pasado, en dónde si se tenía cuidado de éstos.

No son los únicos puntos en donde se incide en esta situación de pobreza de gran parte de la población. Uno de los pasajes más conocidos, y que más veces se ha citado, es el referente a la condición en la que vivía la mayoría de la población de Roma. Hacinados, en lugares insalubres y con la constante amenaza del fuego y de ver cómo lo que todo tiene. Aquí de nuevo se puede ver una crítica a los ricos que desatienden a la ciudad y sólo reaccionan cuando algo le sucede a uno de ellos.

Por supuesto, una población en esa situación acaba buscándose la vida como puede. Una de las prácticas más comunes es la estafa, especialmente en el caso de los testamentos. La búsqueda de cazadores de fortuna que intentaban confundir o aparecer en los testamentos de los ricos es una constante. De hecho, lo que nos queda del Satiricón acaba con los protagonistas urdiendo una trama para hacerse pasar por ricos y conseguir engañar a alguien que busque su favor para ser incluido en su testamento. Pero no es la única práctica deshonesta que se lleva a cabo. Adulterio, engaños, adopciones o simplemente abusos son una constante por parte de aquellos que pueden. Es una sociedad que busca sobrevivir al precio que sea y en donde un plato caliente es algo muy importante para las personas que viven en ella.

Otro de los grandes temas que nos encontramos es la crítica al ejército. Éste es representado de una forma brutal. Por un lado tenemos dentro de la obra de Plauto el estereotipo del “soldado fanfarrón”. Es decir, aquél que hace gala de sus logros y que no duda en exagerarlos. De hecho, éstos logros, casi siempre en Oriente, son los que le proporcionan riqueza y hacen de él una figura importante en las obras. Es un personaje que no duda en intimidar o amenazar con tal de conseguir sus objetivos o sus deseos. En el caso de los autores imperiales el ejército es resaltado por su posición de prestigio y el consiguiente abuso que eso lleva. Ya lo resaltará Juvenal: Sería, pues, cosa digna de esta mula que es el declamador Vagelio ofender tantas botas militares y tantos miles de clavos si tienes sólo dos piernas (XVI, 24-5). No es una imagen agradable la que se del ejército en su conjunto.

Finalmente habría que considerar el papel que se tiene de los esclavos dentro de estas obras. En la obra de Plauto son caracterizados dentro del estereotipo del personaje taimado y astuto que, por otro lado, solo busca su beneficio. Aunque éste se reduce a dos cosas: comer y evitar las palizas de su amo. Por otro lado, los autores imperiales, en una época donde existía un mayor lujo, parodian los extremos que se han llegado con el gasto de esclavos. Algunos tienen como única función servir la comida o el agua. Otros simplemente son adornos. Una buena muestra del uso estrafalario de los esclavos se puede ver, de nuevo, en la cena de Trimalción. De hecho, ésta es, en muchísimos aspectos, un retrato donde todos los vicios y problemas que apuntan los autores satíricos quedan sintetizados y unidos. Lo que no deja de ser una alabanza de Petronio y su capacidad de sintetizar toda una serie de problemas y situaciones que se daban dentro de la sociedad romana e irlas presentando a lo largo de un banquete.

La conclusión es que, a pesar que nadie creía el relato de una Roma inmaculada, la visión que nos aportan estos autores es necesaria y muy ilustradora. Dan vida y voz a toda una sociedad que vive en unas condiciones que son la noche de las de unos pocos privilegiados. Éstos, lejos de la imagen de sí mismos que nos han dejado, son, en el mejor de los casos, profundamente amorales. De este modo, la sociedad romana, por medio de estos autores, se ve realzado con claroscuros y con toda una realidad que queda muy lejos de los libros de historia. Algo qué, como ya se han lamentado los satíricos, no interesa a nadie pues, como se queja Juvenal:

¿Quién pagará a un historiador lo que daría a uno que le leyera las noticias? (VII, 104)

Lo triste es que esta máxima sigue siendo hoy tan vigente como hace casi dos mil años.

Written by pauvm

31/07/2011 at 23:52

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L’aventura del Romànic

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El pasado miércoles se presentó en TV3 un documental sobre el espolio del arte románico en el Pirineo catalán. Para aquellos despistados o que no sintonizan TV3 el documental se puede ver por internet. Aunque esta en catalán, creo que es bastante comprensible y , aunque se circunscribe sólo al ámbito catalán, muchos aspectos del contexto y de las problemáticas que se reflejan en el documental son extensibles a otros ámbitos de España.

Written by pauvm

13/06/2011 at 13:31

Publicado en Divulgación, Historia

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