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Creando la frontera en Roma

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Casi siempre, cuando se intenta evocar una imagen sobre la frontera romana, se suele recurrir al Muro de Adriano. Una enorme muralla, con múltiples fuertes y torres que vigilaban a las tribus de la zona. Es, en cierta forma, una imagen mítica. Otra imagen cliché se podría encontrar en el típico mapa sobre los avances romanos alrededor de los grandes ríos de la zona de Germania y la ubicación de los diferentes campamentos. En esencia, éstas son las dos imágenes más comunes y, algo que la mayoría de la gente olvida, más tardías sobre la frontera romana. Por esas fechas, ya hacía más de 300 años que Roma había tenido que gestionar y crear fronteras. Sin embargo, apenas hay estudios sobre lo que supuso la creación de la frontera en época republicana. Esto es debido a dos razones.

La primera de ellas es debido a la falta de evidencias materiales sobre la época republicana. De hecho, sirviendo como ejemplo, existen muchas sobre cómo iban armados los soldados romanos. Tampoco se conocen con detalle los campamentos de los ejércitos republicanos. De hecho, la mayoría de grandes batallas están por excavar aún hoy. Es decir, nos encontramos con un período en el que a nivel arqueológico apenas contamos con datos. En contraposición, podemos encontrar los grandes yacimientos del limes germano o del limes británico. Campamentos como Vindolanda han aporta ingentes cantidades de información que nos han permitido conocer detalles sobre la alimentación o la vida cotidiana de las tropas. No es el único ejemplo, los campamentos de diversas zonas del imperio han arrojado resultados similares.

Esta disparidad de evidencias se puede explicar debido a que en época imperial estamos hablando de campamentos estables y fijos. Algo que en época republicana es bastante más extraño. También conviene destacar que, al no conocer con detalle la panoplia de los legionarios romanos, cuesta diferenciar su presencia con las poblaciones nativas de zonas como Hispania. Por eso cuesta diferenciar, en las primeras épocas, lo que podría ser un ejército consular de una tropa indígena.

De este modo, las evidencias arqueológicas han permitido una mayor y mejor comprensión del fenómeno de la frontera en época imperial mientras que, para el caso republicano, no existe, ni mucho menos, una bibliografía ni evidencias comparables.

Esta disparidad en las evidencias se ha complementado con una tendencia a simplificar y reducir el período republicano en una especie de “máquina de guerra” insaciable y sin ningún propósito más allá que conseguir riquezas y honores para los generales. Conviene destacar que una concepción muy parecida es sostenida por numerosos expertos para época imperial. Sin embargo, también existe una fuerte corriente que cree en la existencia de una política y racionalización de la frontera. Para época republicana, no existe una visión de este tipo. La imagen predominante de la política republicana es la de una sociedad que busca la guerra de forma constante.

De este modo, si la mayoría de los autores no consideran que sea posible que exista una frontera, tampoco buscarán en el comportamiento de los generales una mentalidad “de frontera”. Aspecto especialmente importante si tenemos presentes los problemas a nivel arqueológico que hemos indicado anteriormente. Por esta razón, hoy queremos centrar esta entrada en dos libros que aportan una visión diferente sobre la política romano-republicana y cómo ésta forjó sus fronteras.

El primero de los libros es The Creation of the Roman Frontier  por Stephen L. Dyson. El segundo es Senate and General. Individual decision-making and Roman foreign relations 264-194 B.C. de Arthur M. Eckstein. El porqué hablamos del primer libro es bastante explicativo en su título. El segundo puede generar más dudas pero su foco de estudio se centra en la capacidad de decisión y los motivos que impulsan a los generales y cómo afecta eso a la política republicana. Dyson plantea una lectura más genérica y global sobre la creación de la frontera. Eckstein, analiza el porqué y el cómo de las decisiones diplomáticas de los generales y el impacto que éstas tuvieron. Ambos libros, aunque sea desde diferentes perspectivas, están profundamente vinculados entre sí y nos ofrecen una excelente panorámica sobre la creación de la frontera romana y los mecanismos con los que se llevó a cabo. Por esta razón, destacaremos algunos de los puntos más importantes o que conviene tener presentes de ambos libros.

Quizá el primer punto a considerar sean los límites cronológicos y geográficos que existen en ambos trabajos. Por un lado, Dyson se centra solo en la frontera occidental. La razón es que en el caso oriental nos encontramos con fronteras y elementos que condicionan las decisiones de Roma. Por el contrario, en el caso occidental, Dyson la ve como la auténtica expresión de una frontera “romana” ya que en ella hay una “libertad” para su desarrollo. Por el contrario, el libro de Eckstein abarca en un plano global pero, a nivel cronológico, es mucho más corto. Esto hace que tengamos dos visiones que, en gran medida, se complementan entre sí. Una aportando una visión global mientras que la otra aporta un espectro cronológico más amplio en el estudio de unas zonas determinadas.

Otro de los puntos importantes a resaltar es la coincidencia de ambos autores en el papel que tuvo el Senado en la zona de la Galia Cisalpina. Esto era debido al miedo y la cercanía de los galos respecto a Roma. Para ambos autores, el saqueo de Roma por Breno y las continuas luchas entre ambos rivales agudizaron un fuerte miedo en la sociedad como se puede atestiguar en números rituales y prácticas. Este hecho explicaría el control del Senado: un error podría significar que la presión gala afectase a Roma con mucha rapidez. Por esta razón, ambos autores también destacan que la política romana en la zona fue defensiva. En donde discrepan es en el momento que se da el cambio en ésta. Dyson sitúa el cambio de la actitud romana a partir de la toma de Mediolanum y la instalación de las colonias de Cremona y Plasencia en el 218 aC. Por el contrario, Eckstein ubica el cambio a partir del 197 aC. Personalmente consideramos que el análisis de Eckstein sobre las acciones romanas entre los años 218 al 197 aC muestra de forma clara la inexistencia de una política clara y, mucho menos, que pueda considerarse ésta como agresiva. De hecho, existen numerosos períodos de una relativa tranquilidad y poca actividad por parte de los ejércitos romanos. Lo que indudablemente choca con una visión sobre una política agresiva en la zona.

También es excepcional a los ojos de Dyson esta frontera debido al papel que juegan las colonias. El hecho que el Senado marque como límite de Italia hasta los Alpes hace que esta zona sea excepcional dentro de los planteamientos de Roma. Por un lado porque se lleva a cabo una política mucho mayor. Así encontramos controles sobre la inmigración de los galos y desplazamientos de poblaciones. Por otro lado, contamos con la instalación de colonias, un fenómeno mucho mayor que en otras provincias y que para Dyson es una muestra de la importancia que éstas tienen para la frontera gálica.

En segundo lugar, conviene destacar el papel que se adjudica a las figuras individuales dentro de la configuración de la frontera. Dyson recalca la importancia que los caudillos, líderes y reyes tienen dentro de la frontera romana. Éstos sirven, siendo aliados, como ojos y como “barreras” contra posibles peligros. También son una herramienta básica de control. No nos debe extrañar que en su libro considere que prohibiciones como la de comerciar con oro con los galos por parte del Senado se inscriben en una política clara de favorecer y evitar posibles causas de conflictividad social en las zonas de aliados o amigos de Roma. De hecho, Dyson considera que la expansión romana habría que ser considerada como un imperialismo periférico. Es decir, que las causas de la expansión habría que buscarla en las acciones de las tribus y elementos de frontera y el modo en cómo se entiende (sea bien o mal) desde la metrópolis.

La importancia que tienen las grandes figuras también es objeto de la preocupación de Eckstein. De hecho, tiene mucho más peso en la configuración de la frontera aunque en su caso hay que entenderla desde el protagonismo que concede a los generales romanos. La razón de este hecho se sustenta en dos ejes: la dificultad de contactar con el Senado en las provincias fuera de Italia y la necesidad de tomar decisiones inmediatas en determinadas situaciones. De este modo, la política y acuerdos de Roma con numerosas comunidades eran producto de las percepciones y conclusiones que extraía el general sobre el terreno. Excepto elementos puntuales (como el asentamiento de mercenarios en Morgantina) el Senado tenía cierto peso. Por lo demás, eran las decisiones del cónsul o pretor las que tenían un peso preferente. De hecho, la mayoría de los acuerdos son ratificados casi sin sufrir muchos cambios. Por esta razón, Eckstein cree que la figura de los generales es vital dentro de la formación de frontera romana. El mejor ejemplo se puede encontrar en Sicilia donde los acuerdos establecidos por los diferentes generales de la Primera Guerra Púnica condicionaron enormemente la actuación romana en la zona. Hasta el extremo que incluso en época de Cicerón muchos de esos acuerdos seguían vigentes.

Como punto final quizá convendría resaltar el peso que ambos trabajos dan a la transmisión de las relaciones y contactos entre los diferentes familiares de una gens. Dyson tiene una aproximación mucho más prosopográfica en su estudio, aunque reconoce los peligros que tiene este método. Eckstein la usa mucho menos aunque si que le da una especial relevancia dentro de la política romana en Hispania. De hecho, llega a afirmar que la presencia de Asdrúbal en la Península Ibérica durante la Segunda Guerra Púnica se debía más a su papel como “heredero” de las redes de contactos que a la efectividad de la política romana de bloqueo de los refuerzos a Aníbal. De hecho, afirma que era imposible que hubiesen conseguido bloquear el paso de efectivos. Algo que creemos que choca con su análisis sobre la batalla de Hibera a la que considera decisiva al evitar que Asdrúbal consiguiera llevar refuerzos a Aníbal.

En cualquier caso, ambas obras constituyen una buena aproximación a la problemática de la frontera en época republicana. Si bien es cierto que ambas no aportan una visión global de ésta también lo es su complementariedad. De este modo, vemos la toma de decisiones desde una doble perspectiva. Hay puntos, como el que hemos expuesto sobre la Galia Cisalpina, en donde hay una coincidencia notable (aunque con discrepancias en algunos puntos) y, a su vez, una cierta divergencia como puede ser en Hispania. En cualquier caso, dos lecturas recomendables para aquellos interesados en la Roma republicana.

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Written by pauvm

28/12/2011 a 14:33

Publicado en Historia, Roma

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