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¡Ay de los Vencidos!

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ROSENSTEIN, N. S., 1990, Imperatores Victi. Military Defeat and Aristocratic Competition in the Middle and Late Republic, University of California Press, Berkeley and Los Angeles.

En los últimos años se ha puesto mucho énfasis en la importancia que tenía la victoria militar dentro de la sociedad romana. Ésta era el objetivo último en una feroz lucha interna de la aristocracia por conseguir los beneficios que venían derivados de ella. Por un lado, estaba la ingente cantidad de botín que se podía obtener. Por el otro, el prestigio asociado a la victoria. Esto hacía que la victoria militar se convirtiera en el eje de la política exterior romana. Es decir, la aristocracia necesitaba guerras en donde conseguir honores para poder alcanzar las magistraturas de mayor prestigio. Esta idea, desarrollada y con ejemplos se puede encontrar en War and Imperialism in Republican Rome 327-70 BC (1979) de Harris.

Aunque siempre se han enfatizado las victorias, en la historia de Roma existen un buen número de derrotas. Lo que levantaba una duda al respecto: ¿qué sucedía con los vencidos? Esta es una pregunta con múltiples connotaciones. A fin de cuentas, una sociedad donde el éxito militar es la base de todo ser derrotado debía de comportar una serie de consecuencias a nivel de prestigio y de poder muy importantes. Paradójicamente, no existía un trabajo sobre este tema hasta la aparición del libro que hoy comentamos.

La base sobre la que empezaba su análisis Rosenstein era el tratar de ver qué sucedía con aquellos generales que habían sido derrotados. Lo importante era ver hasta qué punto repercutía sobre su trayectoria política su derrota. Este es un punto de suma importancia. Un sistema en donde el éxito militar lo es todo acaba, con el tiempo, generando una segregación entre aquellos que son buenos generales y malos. Los primeros tienden a acumular los honores políticos y los segundos no pueden acceder a ellos. A fin de cuentas, ¿quién querría servir en una guerra bajo las órdenes de alguien que tiene fama de mal general? Por supuesto, una dinámica así acabaría, con el tiempo, desembocando en una conflictividad interna. Por eso, no solo había que encontrar como repercutía la derrota sino que mecanismos había para evitar esta ruptura del equilibrio dentro de la aristocracia.

Con ese fin, Rosenstein examinaba las principales causas de derrota que solían encontrar en las fuentes: castigo divino, indisciplina y mal comportamiento de los generales. Sin embargo, antes realizaba un análisis sobre la influencia que tenía la derrota en la carrera política de los aristócratas romanos. Las conclusiones eran, cuanto menos, sorprendentes. Exceptuando casos puntuales y, como se puede ver más tarde excepcionales, en la mayoría de los casos no repercutía de forma directa. Generales que habían sufrido grandes derrotas conseguían alcanzar el consulado e incluso llegaban a ser Censores. Aún es más, si se podía suponer que conseguían eso después de un largo período de tiempo tampoco era así. Algunos incluso dos años después conseguían el acceso a las más altas magistraturas. Tampoco impedía eso que repitieran al frente de un ejército o que sus descendientes consiguieran alcanzar los mismos honores que ellos. No parecía existir una repercusión directa sobre su carrera por las derrotas militares. Ante este hecho, se hacía más importante aún analizar los mecanismos que mantenían el equilibrio.

Los prodigios y las explicaciones divinas se suelen suceder en las fuentes después que un ejército haya sido derrotado. Éstas se convierten en el modo de explicar el porqué de la derrota. Sin embargo, las evidencias ponen de manifiesto que la religión tiene un papel clave dentro de la ideología romana. La benevolencia de los dioses es un elemento central dentro de la ideología sobre el éxito militar de la República. Aún así, conviene resaltar que dentro de la relación entre dioses y mortales, desde la óptica romana, ya da pie a una propia interpretación que esa harmonía que proporciona la victoria se pueda romper. Es parte del sistema y, también, es parte de la habilidad del general de llevar a cabo las acciones con la mayor corrección. De hecho, aquí, junto con el siguiente punto, el concepto básico es el rigor y la disciplina con la que se lleva a cabo la tarea. Por eso, el factor divino se busca después de una derrota como la explicación nunca en el momento en que se puedan dar incorrecciones o deslices pues estos pueden, dependiendo de las acciones de los generales, superarse o ignorarse.

La disciplina de las tropas era otro elemento importante. El modo en cómo se comportaban las legiones podía explicar una derrota. No nos debe extrañar los fuertes castigos que existen para los soldados que no mostrasen una conducta acorde a lo que se suponía que tenían que llevar a cabo. Tampoco es extraño encontrar que las legiones que se salvaron en Cannas fueron obligadas a servir fuera de Italia hasta el fin de la guerra. Son detalles que ponían de relevancia la importancia que tenía que los soldados actuasen como se les exigía. Un ejército con mala disciplina o mal entrenado podía explicar una derrota.

Ahora bien, en los dos factores que hemos reseñado, hay un factor que los une y condiciona: el papel del general. En el primero, no era hasta la derrota que no se consideraba que algo hubiese ido mal. En el segundo todos eran factores que, en última instancia, dependencia de la capacidad del general de imponer la disciplina. Es por esta razón que el factor que Rosenstein encontraba clave para entender el porqué algunos generales eran juzgados o no estribaba en el comportamiento que éstos adoptaban. Es decir, la clave era si éste se había comportado como se suponía a un hombre de su rango durante la batalla. Si había sido el primero en huir, entonces la culpa de la derrota se le atribuía a él. Si, por el contrario, había llevado a cabo todas las medidas posibles y había actuado con la dignidad que le correspondía a su cargo entonces quedaba libre de culpa.

Este es un factor muy importante pues explicaba los sacrificios y las muertes de los generales en batalla y sus decisiones de arriesgarse en ellas. También ponía de manifiesto como una muerte heroica proporcionaba a la gens gloria y, por lo tanto, eximía de cualquier imputación de conducta no valerosa. El modo en cómo se comportaba un general marcaba que, incluso en la derrota, consiguiera reconocimiento y respeto por sus acciones.

En definitiva, la idea que se puede extraer de este libro es que hay que poner un freno a la importancia que se le ha concedido al triunfo como la “llave del paraíso” a nivel político. De hecho, habría que replantear toda la concepción que la aristocracia depende del éxito militar para su ascenso social. Esto no significa que se tenga que negar su importancia y papel clave como impulso pero hay que reducir la visión simplista que se ha tendido a adoptar. Hay que considerar muchos más aspectos dentro de la sociedad romana como claves para el éxito social y, por lo tanto, no reducirlo todo a una expansión y a la búsqueda de campañas militares en el exterior. De hecho, es cuanto menos ilustrativo las comparaciones que se tienen con otras ciudades respecto a lo que sucedía con sus generales derrotados: los púnicos, aunque aquí las fuentes pueden exagerar, crucificaban a sus generales; los atenienses, los enviaban al exilio o eran juzgados.

En cualquier caso, esta es una de las lecturas recomendadas para todos aquellos que quieran conocer el funcionamiento interno de la sociedad romana y cómo se estructuraba la competencia entre los diferentes aristócratas por las magistraturas.

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Written by pauvm

06/12/2011 a 20:49

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